Buscando la presencia de Dios
- Luis Edgardo Valderrama

- 8 nov 2020
- 3 min de lectura
Actualizado: 13 feb 2022
En mi recorrido por esta vida, o por este mundo material, he estado, desde que tengo consciencia de ello, buscando la espiritualidad, y te comentaré sobre ello.
Mi padre dejó en mi algunos legados, libros, y quizás hasta en mis genes, algo que me daría la inquietud necesaria para llegar a buscar la espiritualidad, lo trascendental, lo infinito, lo verdadero,… a Dios.
Entiendo, hasta este momento, que para el ser humano, la creencia de Dios, (su existencia) y la creencia en Dios (sus promesas), están, en la mayoría, en pañales.
Es decir, nuestra mente finita, limitada, aún no puede captar la inmensidad de su Energía y su Luz, pues sólo podemos ser capaces de percibir lo que nuestras mente puede imaginar gracias a lo que ha podido conocer a lo largo de su vida.
El hombre puede imaginar a un astronauta caminando en Plutón, pues sabe lo que es caminar en la Luna. En el mismo sentido, la experiencia de vivir y experimentar a Dios en toda su plenitud dependerá de cada quien, a tal punto que cada persona tendrá su propia y particular forma de “ver” a Dios en su mente.
Desde nuestra psicología, Dios es una idea.
Para algunos es “grande”, para otros es “misericordioso”, para otros es “amor”, y así, en cada quien hay una idea de lo que representa Dios en su mente.
Pues bien, dentro de ese mundo intangible, el ser humano, no todos, ha estado buscando la espiritualidad de muchas maneras. Estás han podido ser, meditación, yoga, liderar una religión o pertenecer a ella, el aislamiento físico en una montaña… cada quien ha buscado, lo que se le haga, muchas veces, más cómodo de practicar y que a la vez, pegue con lo que puede ser su camino hacia lo espiritual. Es decir, por ejemplo, si me gusta comer carne, y no la dejaré por nada del mundo, el vegetarianismo no será la manera “espiritual” de vivir y tampoco el yoga asociado a estas prácticas.
Las prácticas diversas para la búsqueda espiritual se adaptarán a las creencias o comodidades de cada quien. Eso está claro y es respetable, obviamente, pues es el inicio del amor: el respeto por las creencias el otro y su vida privada.
Al parecer, estar en “presencia de Dios”, requiere algo en donde la persona se pueda enfocar y que sienta, en su mente y corazón y además basado en su mapa de creencias, que eso lo conecta con Dios, pero a su manera. En fin, todo un tema.
Ahora bien, y sin ánimo de meterme en religión, no es la idea, recuerdo un pasaje en donde se lee que Abraham, el patriarca judío, estaba EN LA MISMA PRESENCIA DE DIOS. Había llegado a un nivel tal que DIOS, el Creador, hablaba con el “de tu a tu” y hasta le compartía lo que haría con la humanidad. Le develaba los misterios del universo.
Una vez, en el encinar de Manré, estando Abraham espiritual y físicamente, en ESA PRESENCIA, en SU LUZ, notó a lo lejos que se acercaban tres beduinos, forasteros, transeúntes, en pleno día y bajo un calor extremo del desierto. Se levanta, y corriendo hasta ellos, les ruega que les permita atenderlos, le pide a su esposa Sarah que les prepare unas tortas de harina, y a ellos, les da agua para lavar sus pies y manos y refrescarse, ordena a su sirviente matar a un ternero y prepararle un banquete a estos tres extraños. Dice el Midrásh, la tradición oral del judaísmo, que les preparó un plato arabe sumamente exquisito.
Te has imaginado la escena?
Ahora bien, la pregunta frecuente para algunos es: y cómo el primer Patriarca, habiendo querido ser espiritual, deseado conocer a Dios, finalmente está ante SU LUZ Y PRESENCIA, frente a frente, y hasta se hablan como si se tratara de grandes amigos, pudo haber dejado su elevado nivel espiritual ya alcanzado para correr a hacer todo esto?
Años atrás cuando tuve la oportunidad de guiar a otros en estos caminos espirituales, escuchaba preguntas como: cuál es la misión de mi vida? cómo conocer los secretos de la existencia?, para qué vino mi alma al mundo?…
Quizás uno de los sacrificios más grandes que podemos hacer en la búsqueda de la espiritualidad es AMAR AL PRÓJIMO. Ayuda a otros, da de tu propio pan, prepara una sopa para el hambriento, alivia su carga. Algunos aún creen que encontrarán el camino espiritual por medio de lo místico o desconectándose del la realidad.
Abraham dejó una enseñanza muy clara. Alimentando y cuidando al otro, sin esperar nada a cambio, podemos estar ante la misma PRESENCIA DIVINA.
Luis Edgardo Valderrama C.
Coach Ontológico y Neurogastrónomo
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