Ciclos de vida, inicios y finales
- Luis Edgardo Valderrama

- 1 ene 2017
- 5 min de lectura
Actualizado: 11 jun 2020
El tiempo no existe como tal. Sólo un presente y es muy breve. Y fue la mañana y la tarde un día dice un texto sagrado, y habla de un ciclo que se repite constantemente, y sin fin aparente.
El hombre se encargó de ajustarlo a su entendimiento y razón, a su lógica finita y limitada, y diseñó los horarios y los calendarios. Es lo que hace creer que algo envejece. No es El Paso del tiempo, es la oxidación de los objetos y el deterioro aparente del cuerpo físico.
Esto no afecta al alma ni a lo espiritual. Eso efímero e impalpable es eterno y divino y goza de Aquella Divinidad del Creador, y por razones específicas El ha puesto “su esencia y semejanza” en cada quien, para ser creadores en pequeño en este mundo aparentemente real.
Eso del tiempo es más complejo de explicar pero sigue siendo lo más simple de existir, pues es sólo una forma más en que el hombre de ha atado y hasta esclavizado a él en muchos casos.
La percepción del tiempo varía según las costumbres o gentilicios. Puedes verte dentro del tiempo y estar en él como parte de él, o ver cómo el tiempo pasa delante de tus ojos y ser un espectador más de lo que sucede.
Sea cual sea la manera de como lo percibas o como lo lleves, seguro has aceptado que el calendario es y será tu manera de dividir tu tiempo en días, meses y años o siglos.
Ese ciclo anual hoy llega a su fin. Lo llaman fin de año. Hay culturas y religiones que poseen un fin de año diferente y hasta varios fines de año en el año, como la cultura hebrea que posee varios. En este caso un inicio de año marca la salida de la esclavitud, en otro inicio de año el comienzo de la cosecha, en otro la Creación del universo y el hombre, y así otro un calendario jurídico. Como sea, hay una razón de ser en cada uno de ellos y en fin es el mismo, determinar un inicio y un fin de algo en particular.
Para muchos esto no es más más que motivo de celebración de un Año Nuevo, se asemeja al cumpleaños de cada quien. Algunos reflexionan sobre lo que han hecho y agradecen por el año de vida, otros lo toman más a la liberan y salen a celebrar con tortas y tragos. Lo mismo este fin de año. Fiestas, regalos, costumbres gastronómicas, bailes, abrazos.
Ahora bien, como todos los ciclos, hay mucho que observar. Eso es válido para el ciclo de una empresa, la vida, la naturaleza. Un ciclo marca un inicio y un fin aparente. Esa apariencia esta en la mente y en su sistema propio que cada quien de, la envergadura que le adjudique, o el sentimiento que lo complemente.
El inicio o fin de algo estará determinado por la importancia que cada quien le de a cada ciclo. El de veinticuatro horas, llamado día es un ciclo en el que tenemos costumbres de dormir, alimentarnos o trabajar. En el semanal vemos más la idea de la recreación y el descanso en uno o dos días. En el mensual o anual vemos las vacaciones.
En cada ciclo hay determinadas acciones o costumbres en las cuales estamos programados a hacer, conscientes o inconscientemente.
El mismo hecho de ser un ciclo y por lo tanto una costumbre como lo es el día, algo tan familiar, no nos hace pensar en otra cosa sino en lo que hay que hacer en ese tiempo.
Pero a la verdad, vivirlo de manera intensa, sabiendo que es único e irrepetible, nos puede llevar a pensar en ese ciclo de una manera diferente.
Hay personas que no sólo viven sus ciclos de una manera consciente, sino que además de ello, están pendientes de cerrarlo y dejarlo bien marcado en el historial de la su vida con los aprendizajes que ha tenido que absorber de ello.
La reflexión de cada evento es crucial para que el ciclo no sea una costumbre sino un parámetro para vivir una vida más amplia y elevada. Reflexionar maduramente, sin emociones que alteren más aún la realidad serán una forma de llevar al ciclo en cuestión, sea cual sea a un nivel más elevado y hacer de ello puntos verdaderos de fin y de partida de algo nuevo y maravilloso si así lo desea. No se trata de promesas o juramentos de fin de año o Año Nuevo, como es el caso de hoy y mañana, sino de hacer una verdadera consciencia de qué puedo hacer para mejorar aquello en lo que no estoy conforme y cómo planifico mejor mi tiempo o cómo hago para alcanzar mis metas propuestas.
Pero no todo gira en torno a nosotros solamente. En cada ciclo hay otras personas con sus ciclos propios en los que, por circunstancias del universo, se entrelazan con los nuestros. Que hermoso esto!!!
En esta magia suceden cosas maravillosas. Alguien que tiene un duelo se encuentra con el ciclo del nacimiento de un bebe. Alguien que está en el ciclo de una mudanza se topa con alguien que se encuentra en una situación de desempleo. No todos los ciclos están en paralelo. Para algunos este fin de año es una liberación y para otros es el ajuste de pasos para nuevas metas a alcanzar.
Encontrarnos en un periodo determinado de nuestra vida hace que nuestro ciclo y el de otras personas que nos rodean sean muchas veces un trabajo en equipo en donde cada quien puede aportar al otro en su ciclo en particular y desde su ciclo propio algo que el otro necesita.
Cuando estamos celebrando con festines, hay otros en la calle con carencia de alimento. Ese momento en donde percibimos nuestra bendición del año se une entonces a la carencia de aquellos y así se complementan dos vidas. Lo entiendes? Me sigues?
Nada sucede por casualidad y las vidas entrelazadas en una invisible red de almas, hace los encuentros más maravillosos aún en la vida y en los ciclos qué hay que vivir.
Reflexionar en el o los ciclos que estamos viviendo será de suma importancia para determinar lo que queremos, o a dónde vamos, sino para darnos cuenta de dónde venimos y notar que no somos los mismos y que ha habido un crecimiento sin duda alguna y que ello nos ha llevado a un nuevo nivel, del que ahora tenemos la oportunidad, no antes pues nuestra alma no estaba preparada, sino ahora mismo, de enfrentar mejor los retos de la vida, los que hemos atraído y los que nos hemos colocado nosotros mismos.
Bendecido año viejo, sin él no estaríamos aquí.
Te espero,
Luis Edgardo




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