Consciencia de cantidad o calidad
- Luis Edgardo Valderrama

- 19 nov 2020
- 4 min de lectura
Actualizado: 13 feb 2022
Cuando escuchaba, en otro tiempo, a personas que hablaban constantemente de la cantidad de personas que capacitaron, del personal que dirigieron, de las empresas en las que trabajaron, no lo puedo negar, me sorprendían.
La vida me ha mostrado muchos nuevos panoramas día a día. Algunas veces ni me daba cuenta de lo que la vida me decía y lo captaba mucho tiempo después y yo decía, -ah, con razón, ya entendí-.
Los arquetipos de Carl Jung marcaron mi vida, y puedo entender que mi arquetipo del Inocente, se dejaba deslumbrar ante ciertas acciones de otros. Pero las ideas surgieron, los velos ante los conceptos se desvanecían y muchas cosas quedaban más y más claras. Entonces pude ver desde mi arquetipo del Sabio, con claridad la diferencia entre los principios que regían a la sociedad y los valores morales que regían a las personas.
Independientemente de los valores de cada arquetipos o caminos jungianos que demarcan la vida de una persona, aprendí que los valores de cada quien son circunstanciales y por ende relativos en cada ser humano, y que por lo tanto, pueden ser modificados a voluntad.
Los niveles de consciencia de cada persona le dirán qué es en apariencia bueno o malo según sus propias experiencias, o si la cantidad de personas que capacitó o si se jactó de la cantidad de empleados que tuvo en determinado momento de la vida fueron algo trascendental o no, y con todo y eso, sus mediocres valores muestran realmente a un tirano, o ser con una doble vida que avergonzaría a sus seres queridos si lo llegaran a saber, y que la calidad de sus acciones no valieron de nada ante la actitud denigrante con la que creyó alguna vez que fue “líder empresarial” o que sus bajas pasiones o falta de inteligencia emocional lo llevaron al fracaso administrativo de su negocio.
La verdad, es que llega un momento en que la calidad pesa y es más necesario evaluar que la cantidad. Aún si los valores son relativos a cada quien, una consciencia madura y sólida, verá que aunque la norma fue para el o ella la mentira, o la trama, el engaño o un vicio determinado, en realidad no hay tal consciencia ni madurez en el momento en que las acciones y palabras de estas personas están fuera de lo que implique la empatía hacia en otro, la falta de bienestar común, o la ausencia de solidaridad, por citar sólo algunos de los daños colaterales que impliquen dichas acciones o palabras.
El ser humano, es un ser integral y penta-dimensional, es decir un ser físico, un ser mental, un ser emocional, un ser social y un ser espiritual. Cada ser humano posee ante todo una conexión con lo divino, y por ello lo eleva por encima de muchas otras criaturas del planeta y del universo.
Esta conexión lo alinea hacia dos esferas. Por un lado tenemos a un hombre o mujer que es guiado por la intuición, por lo etéreo y que goza de la venia de lo celestial cuando anda encaminado por la bondad, el altruismo, la búsqueda de la verdad y del beneficio del prójimo.
Y por otro lado, nos encontramos a un hombre o mujer que al no estar en ese camino, dando un mal uso de sus capacidades o dones, atropella a otros, actuando con egoísmo, o buscando su propio beneficio y no el común.
Una de las maneras en que podemos medir la calidad de vida de una persona está en el impacto positivo y beneficioso que deja a su paso en las relaciones familiares, humanas, sociales o laborales de esta persona.
En una ocasión interpelé a alguien que estaba en ese camino de las mentiras constantes, la manipulación, la falsedad y le pregunté, que haría si sus hijos supieran el tipo de vida que llevaba y si sería capaz de decirle a ellos que maltrató a otro ser humano, que no fue alguien de confiar y que sus valores lo llevaron a hacer negocios fuera de la ley. Esta persona me dijo, que por favor, ni se me ocurra contarle a sus hijos todo lo que había hecho en ese tiempo, y que no tendría cara para verles a los ojos si eso pasara. Entonces brotaron de sus ojos, lo que quizás fueron algunas lágrimas de vergüenza.
Es evidente, ante su respuesta, que aún le quedaba algo de conciencia y sensatez ante sus acciones, aunque en realidad, la verdadera consciencia debe surgir de nuestro interior, aun sin que nadie nos viera o supiera de nuestras acciones, en el silencio de la noche, ante la única mirada Divina, en la meditación profunda, al saber que alguien ha sido dañado por lo que hacemos o decimos y que no es la cantidad de cosas que hagamos en la vida, sino la calidad de ellas y que dejan una huella memorable no sólo en nuestros seres queridos, sino aun más en aquellos con quien aparentemente no tenemos mayor vínculo que lo laboral o el momento fortuito que nos unió, como con un taxista o vendedor de una tienda.
Nuestra calidad de vida es esa capacidad de transformación que logramos en otros para que sus vidas sean impactadas para el bien, la prosperidad y la felicidad de ellos por medio de nuestras acciones, desde el arquetipo del Mago.
Luis Edgardo Valderrama C.
Coach Ontológico y Neurogastrónomo
INSTAGRAM:
Coaching Ontólógico CRESER
Coaching Gastronómico y Asesoría en NEUROGASTRONOMIA
PODCAST SPOTIFY:
Coaching y temas holísticos en CRESER.
Cooking & Coaching NEUROGASTRONOMIA




Comentarios