Dolor ajeno y la nueva consciencia.
- Luis Edgardo Valderrama

- 24 may 2016
- 3 min de lectura
Actualizado: 31 jul 2020
Entre las situaciones que vivimos, están las que no son nuestras.
Esas también las vivimos.
Las razones son muy variadas. Problemas de otras personas, salud de alguien, molestias de aquellos, tristezas, reacciones inesperadas por cosas que hicimos sin querer, o aquellas que no están asociados a nosotros y que las vemos o sentimos.
La vergüenza por ejemplo, por algo que hicimos sin darnos cuenta es un sentimiento muy poderoso. He experimentado claramente y comprobado que es un sentimiento no sólo de pesar por algo que hayamos hecho sin querer y que al ver la reacción (la forma en que la otra persona decidió reaccionar) nos da un pesar por lo ocurrido. Eso indica no sólo una forma de conexión con aquella persona afectada, sino además una preocupación por lo que el otro siente.
Cuando no hay desinterés sino todo lo contrario, a tal punto de que quisiéramos cambiar el pasado, es una clara evidencia de lo que nos importan los demás. Claro está, cómo llegaron a pensar otros, cómo reaccionaron, si fue mal interpretado, si fueron injustos con nosotros, todo eso está fuera de nuestras manos, pues lo que deseábamos o el objetivo inicial era altruista y bondadoso, pero fue tomado a mal o un que dirán prevalece… Nada de eso lo podemos controlar, lamentablemente.
Pero es interesante sabernos seres sensibles aún. Las situaciones que vivimos nos deberían llevar a ser de piedra y no sentir nada, pero gracias a Dios, tenemos un sentimiento muy fuerte y nos importan las cosas y la gente y hasta lo que siente la gente que amamos o los desconocidos que encontramos en la calle. Wow. Que grande somos y no lo sabemos.
Así como la vergüenza por lo que produjimos por nuestras acciones inocentes y la preocupación por otros, su situación económica, salud, situaciones personales, su stress, son formas en que la vida nos dice que sentimos y que seríamos capaces de hacer para las cosas cambiaran. Hasta ese nivel de las cosas, sólo habla de un nivel de sensibilidad, de dolor y sentimientos por aquello que por alguna extraña razón, nos importa.
Estos son los momentos para evaluar nuestras conductas, para pedir disculpas por nuestras reacciones, momento para aprender a comprender, a perdonar, y sobre todo a ayudar. Dejar todo en manos de Dios es mantenernos en una zona de confort, al igual que orar y más nada. La oración es una herramienta, pero nos observan de arriba a ver si somos capaces de más. Es decidir no hacer nada, es ignorar lo que sentimos y a la otra persona. Actuar en favor de la paz, del cambio positivo, de la Unión y la Hermandad, de una sociedad más sana, de mantener y afianzar los lazos aún y cuando sea con el que despacha el queso en la tienda, es una de las mejores pruebas que podríamos pasar para saber de qué somos capaces, pero más aún… Que hay un alma en nosotros y que ella es divina, y eso, esa asociación con Dios, es lo que nos puede elevar de nuestras reacciones intelectuales, instintivas, y racionales, para alcanzar esa luz de la que estamos hechos y que sin lugar a dudas vale más que todos los apegos a los que estamos expuestos en el mundo material, pasajero e irreal en el que nos encontramos, razón de esta pasantía que no es otra que la de elevar al alma, ni más ni menos. Te la vas a jugar? Valora lo que realmente es esencial, aquello que es invisible a los ojos, y deja tu ego, orgullo y tus convicciones a un lado cuando el llamado de la circunstancia es para crecer para apegarte a la Fuente de tu ser. Y no a este mundo pasajero.
Luis Edgardo Valderrama C.
Coach Ontológico
Instituto de Coaching Internacional. Colombia.
Certificado en Neurogastronomía Aplicada
Instituto de Neurociencia de las Américas. Venezuela.




Comentarios