El morbo o cáncer de las redes
- Luis Edgardo Valderrama

- 10 oct 2022
- 7 min de lectura
Actualizado: 11 nov 2022

Te has fijado en cuánto tiempo navegas por las redes sociales?
Cuánto de ese tiempo para instruirte educaticativamente, cuánto para comprar, cuánto para ver noticias?
Aplicaciones nativas como las que ofrece Apple por medio del iPhone y los dispositivos de su ecosistema ofrecen esta información, datos sobre cuánto tiempo al día y a la semana estás en las redes, si ha aumentado o disminuido. Esto lo ha estado haciendo desde hace algunas actualizaciones del sistema operativo velando por los usuarios con el fin de que sepas cómo está tu vida en cuanto a estos medios y puedas darte cuenta de cuánto es tu tiempo útil en la vida diaria y de tus hijos que navegan en la web, si es que les llevas algún tipo de control.
Sin lugar a dudas, en lo que creemos como evolución, las redes y la tecnología nos han acaparado por mucho en formas diversas, o bien informando, mostrando fotos, noticias, chistes, películas, en algunas ocasiones gratis y en otras de forma paga.
Algunos publican con el fin de hacer virales sus publicaciones buscando más seguidores, creyendo que eso es lo que más vale, otros solo publican contenido valioso, instructivo y educativos, y aunque no son más virales que los chistes o videos de gente cayendo o tropezando lo cual se convierte en burla al prójimo, al menos los de contenido educativo o de autosuperación hacen un aporte social aunque no siempre es valorado.
Como sea, las redes se han transformado en una especiae de vida paralela que aunque es digital y aunque no todo lo que se muestre sea cierto o fácil de comprobar en cuanto a su veracidad, el cerebro lo da por verdadero y válido. Esto se debe a que el cerebro, de manera natural e instintiva reconoce todo lo que ve o escucha como cierto. El cerebro por si mismo no discierne entre lo verdadero o lo falso. Si lo ve lo cree!
Sólo desde nuestra parte racional podremos llegar a evaluar la noticia y dejar aparecer las dudas al respecto y no dejarnos llevar por la emoción o la parte instintiva y no creer todo lo que leemos, vemos o escuchamos.
Y no me refiero sólo a la las redes sociales, sino a la vida diaria.
Somos capaces de asustarnos ante una película de terror o creer que ese castillo existe y realmente todo ha sido creado digitalmente, y es que la tecnología nos embauca con imágenes como lo hacen los supermercados con las aparentes ofertas en los anaqueles.
Te he tenido que dar esta introducción para que me entiendas sobre los puntos que ahora desarrollaré.
Dentro de este gran abanico de material que llega hasta nuestras manos en el celular y nuestros ojos, también hay informaciones ciertas, que suceden a nuestro alrededor, a pocos kilómetros de casa, como accidentes de autos, atracos, asesinatos, derrumbes por lluvias, que han sido presenciados por transeúntes, o cámaras de seguridad.
Ciertamente esto pudo haber sucedido, además los noticieros lo han verificado y lo creemos aunque no hayamos sido testigos presenciales del hecho. Aún así, de manera casi automática le damos al botón de compartir o reenviar con el fin de hacerles ver a otros lo que posiblemente supimos antes que ellos y tener la primicia del tema.
Esto entra dentro de lo que es llamado "fake news", término que se ha adoptado para identificar aquellas noticias falsas basadas en hechos inventados, exagerados o alterados. La inmediatez y la globalización, han dado pie a este fenómeno que realmente representa un desafío global.
Los medios se han convertido en herramientas de control de masas, por ello es indispensable implementar sistemas que permitan determinar la veracidad de los hechos dentro de nuestras organizaciones. Combatir los “fake news” es una tendencia en comunicación para todas aquellas empresas e individuos que busquen disminuir riesgos sobre la reputación y emocionales inclusive.
Ciertamente la información es poder, y podemos constatar, que la pandemia más reciente fue una muestra de ello, debido a que la sociedad mundial no sólo estaba consternada por los eventos del momento, sino que además el estado emocional, entre otras cosas por no saber manejar sus estados de ánimo, y no tener contacto con seres queridos, lo que se traduce en falta de segregación de hormonas como la oxitoxina, relacionada con la empatía, el afecto o el contacto físico no corría libremente en el torrente sanguíneo de muchos. Esta situación emocional no sólo bajaba las defensas del cuerpo de las personas, sino que muchos medios (manipuladores o no, aun tengo mis dudas si ellos mismos crearon muchas de las noticias para crear desestabilización) se aprovecharon para publicar todo tipo de noticias y dentro del deseo de conocimiento y las grandes incertidumbres el cerebro de los lectores asumía que esto o aquello era cierto y lo tomaba como bueno y válido.
Muchas personas se dedicaron además de propagar esas informaciones sin constatarla, dentro de un amarillismo periodístico latente en la mente nublada del momento y la consciencia colectiva manipulada.
Hoy día, aun sigue imperando aquella actitud irresponsable. A veces mi madre me envía mensajes y me pregunta -sabes algo de esto?, investigo por horas y le doy mi apreciación en base a lo investigado e incluso, la fuente de dónde salió la noticia verídica y donde mencionan a la negativa.
Muchas veces nos hemos vuelto cómplices de este nuevo tipo de cáncer que inunda nuestras redes, que en realidad no solo carcome nuestros equipos electrónicos sino que ataca nuestras sensibilidades sedientas de aparente justicia o aparente solidaridad.
Por otro lado, grabar trágicos accidentes y asesinatos brutales suena horrible, verdad? Esparciéndose como moscas, las imágenes crueles y los videos morbosos contaminan las distintas plataformas virtuales, además de afectar la sensibilidad de muchos internautas incluyendo niños que ya tienen acceso a estas informaciones y que poseen menos juicio ante los hechos.
Para algunos la veracidad no se basa en la claridad de la información o la fuente confiable, sino en la repetición de la información como si ese parámetro fuera el determinante para saber si aquello era real o no.
La historia nos ha demostrado la crueldad de pueblos como por ejemplo los romanos de épocas pasadas, la mal llamada santa inquisición no estuvo lejos de ello aunque desde otras formas de tortura y objetivos, los nazis también tuvieron su cuota de hechos mórbidos y crueles al respeto. Lastimosamente, a través de la historia, uno puede notar que los humanos tenemos una atracción hacia el morbo, la cual debe ser rechazada. La matanza de un toro en el rodeo, los asesinatos de criminales y cristianos que llevaban a todo el pueblo romano al coliseo, entre otros casos, son las muestras de que muchas personas, al pasar los siglos, conservan ese gusto por lo macabro.
Muchas veces, la insensibilidad humana sobrepasa las barreras de la moral, la dignidad y hasta del respeto hacia los muertos. En la era de las redes sociales, en la cual todo tipo de materiales se envía sin ser filtrado, es casi imposible no encontrarse con contenidos desagradables e incluso macabros.
El amarillismo periodístico como ya mencioné antes, es parte de todo este sensacionalismo que ha utilizado para vender, con exageraciones o palabras explícitas que atrapan al lector desprevenido y no entrenado para luego procurar dar seguimiento al tema a lo largo de los hechos, como si se tratara de una novela o miniserie de Netflix. Algunos se “suscriben” al vecino o al compañero de trabajo o familiar que sigue el hecho con ahínco y solo activan el botón indicado para saber las más recientes novedades del caso narradas por esta persona y así no volvemos cómplices del cancer que se esparce más y más en una sociedad cada vez menos solidaria y más mórbida, cruel e insensible.
El morbo no se queda contento con la raza humana pues, en Instagram ya se han encontrado páginas con fotos de perritos enfermos y gatitos malheridos. Los administradores de tales cuentas se basan en su anonimato para publicar imágenes que no tienen ningún sentido moral y, simplemente, pretenden perturbar, jugando con la integridad de los animales.
WhatsApp, Facebook e Instagram son las aplicaciones favoritas para compartir lo que se nos venga a la cabeza, pero, si de morbo hablamos, las redes sociales deben tomar medidas más duras con respecto al contenido poco ético que se sube.
Entre mis libros de cabecera están los del escritor Avram Noam Chomsky lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense de origen judío dijo en alguna ocasión, "El que controla los medios controla la mente del público"
Te pregunto, si un pariente tuyo fallece en un accidente de tránsito o si enfrentamos un escándalo familiar, no nos gustaría que se divulguen imágenes del hecho por toda la web, verdad? Qué opinas?
Creo que antes de darle al botón de compartir o reenviar, si es que en verdad el hecho te ha impactado, y si es verdad que te consideras un ser humano empático y solidario, qué te parece mejor tomar unas mantas y recolectar ropa para aquellos damnificados del derrumbe, o llevar comida a las personas que vivieron una tragedia ahí mismo, a unos kilómetros de tu casa, pero eso si, sin sacar selfies haciendo el donativo, sólo habiendo tocado en puertas de tus vecinos y coordinando la entrega que desea hacer tu corazón.
No involucres al EGO en todo esto, sólo tu parte humana y carismática.
Se parte de la solución, evita que se expanda en las redes estos videos, se más humano actuando a favor del necesitado. Compartir estas noticias no te hace más solidario sino más bien serás una cuota más de nicotina en este cáncer social que nos agobia y con lo que nuestros niños están creciendo por personas como tu.
Es nuestra responsabilidad cuestionar más la información, los sistemas y al entorno en general, y mucho más cuando en muchos hogares, y debo decir, sin ningún basamento pedagógico válido, le entregan a los niños celulares y tabletas con la absurda determinación de que se "entretengan" pero cuyo fin verdadero es que dejen un tiempo tranquilo a los padres o adultos. Ninguna de estas acciones merece la etiqueta de responsabilidad.
Pero como siempre, la decisión es tuya y de tu consciencia.
Luis Edgardo Valderrama C.
Coach Ontológico y Neurogastrónomo




Cuando las cosa no son perfectas hay qué luchar para recuperar los momentos mágico