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El optimismo social y la inteligencia emocional. (1)

Actualizado: 6 jun 2020



Vivimos en la era de la industrialización y la alta tecnología. En este momento de transición sufrimos de los errores del pasado, pero también de los aprendizajes, y los ciudadanos tienen también que adaptarse a los cambios y convencerse de que el mundo podría ser un lugar mejor, pero esto depende mucho no sólo de nuestros pensamientos y de creerlo, sino de la actitud de los propios ciudadanos. De todos nosotros.



“Este siglo no nos juzgará por nuestras posesiones sino por nuestras creaciones” M. Stevenson

Hay claves que entiendo debemos asumir para pertenecer al mundo actual, para no solamente vivir mejor desde la inteligencia emocional, sino también para adaptarse a los cambios tan rápidos que se dan nuestro alrededor, y que el cerebro aún no termina de procesar ni de adaptarse. Para ello requerimos de un nivel de consciencia como el que inculcamos en creSER, por medio de los post, las charlas y las terapias personales en las consultas donde damos herramientas para ello, y afrontar no solamente nuestras capacidades mentales sino también educar al cerebro desde la inteligencia emocional.

Me da curiosidad saber que a pesar de las guerras y las situaciones climáticas, accidentes, o cualquier tipo de catástrofe natural o creada por el hombre, la humanidad ha tenido que llegar a este nivel de la historia a causa de su optimismo, y es que la emoción desde cualquiera de sus matices, ha sido una herramienta fundamental que viene dentro de ese “paquete” que es el hombre, y que puede perfectamente poner a su disposición positiva como la restauración de la sociedad y no sólo la avaricia, la ambición, la envidia, el rencor, los celos çque han llevado al ser humano al robo, el asesinato, la mentira hasta las guerras más cruentas.


Pareciera que las ganas de vivir y el deseo de seguir adelante en líneas generales ha sido lo que ha motivado al hombre a continuar la raza humana, pero no todo el mundo tiene la misma carga emocional, así entonces faltan seres humanos más propensos a ilusionarse positivamente y luchar por el futuro. Entre las observaciones que podemos hacer y las investigaciones que se han dado o como las de M. Stevenson podemos ir acuñando algunas de las características de aquellas personas emocionalmente efectivas y con alto nivel de entusiasmo que podría decirse que han estado presente a lo largo de toda nuestra historia, que incluso le debemos nuestro agradecimiento en lo terrenal, y que podrían ser claves para poder seguir esos pasos y saber vivir desde la inteligencia emocional la vida en la que nos encontramos.

Hay cambios tecnológicos y científicos de grandes avances en la actualidad y necesitamos educarnos y vivir de una manera distinta para poder transformar gran parte de esos cambios y que esos cambios no nos modifique a nosotros sino saberle sacar partido sin que eso cambie o manipule nuestros pensamientos, como sucede con la publicidad, sino todo lo contrario: educar a nuestra mente para saber elegir la mejor forma de vivir desde el conocimiento pleno de nuestras emociones y elevar nuestro entusiasmo por la vida en todas nuestras áreas personales, sin recurrir al egoísmo, ni a la supervivencia salvaje.


Soñar y tener un optimismo elevado por el futuro es importante. Muchos de los grandes avances en la ciencia, medicina o el cine han sido capaces por ideas o sueños que 100 años atrás pudieron haber sido una locura, como hoy día hablar desde nuestro reloj de pulsera. Eso fue parte de los sueños que otros tuvieron, y que hoy disfrutamos plenamente. Hasta la tecnología que hoy conocemos una o dos generaciones más allá de nuestra infancia nos pide cambios y adaptabilidad.


La educación de nuestro cerebro desde nuevos niveles de consciencia, y por ende nuestra forma de pensar hacia la creatividad social; conocer y trabajar con nuestras emociones realmente, elevar nuestro entusiasmo individual y por ende social para hacer de nuestro espacio un lugar más potable para vivir, todo ello depende de nosotros. No podemos dar por sentado que la esposa lo hará, que lo hará el esposo, que lo hará el profesor de nuestros hijos, que el gobierno de turno se encargará de ello. Estoy hablando de nuestra responsabilidad.


Esperar que el lugar donde vivimos pueda ser mejor cada vez, que nuestra sociedad puede ser mejor, no podrá lograrse desde una actitud negativa, con las manos en la cabeza con expresiones cada vez más y más negativas y derrotistas, tóxicas, que no solamente se van anclando cada vez más en nuestro cerebro, sino que de ahí a aceptarlas como verdad y que “esto cada vez está peor”, no falta nada, pues es el comienzo a asumirse como real y verdadero como si esa fuera la realidad absoluta y otros se suman a esa persona y sus comentarios tóxicos.

En cambio el optimismo, del que trata mi post, es un posicionamiento moral, es un imperativo del ser humano como ser social. Si no estamos preparados para ver el mundo mejor lo estamos condenando con nuestra actitud, acciones, pensamientos y sentimientos para que sea un mundo peor. Empezar el día siendo optimistas es sumamente necesario no solamente para nosotros sino también para los que nos rodean.


El optimismo es una mejor manera de enfrentar los problemas que seguramente todos tenemos, cada uno en su nivel, pero es una forma también de ser más creativos al dejar los pensamientos destructivos, negativos, pesimistas como si todo fuera un desastre, como si nada tuviera solución, como si “esto sólo me puede pasar a mí”, como que “nadie entiende mis problemas”. Cambiar ese tipo de pensamientos y ese tipo de conversación es fundamental para despertar y arrancar un nuevo día y tener que ofrecer algo mejor a nuestra propia vida y a las personas que nos rodean. Es decir un día optimista, feliz, positivo y con más esperanzas.


Aprendimos en días pasados que nadie es responsable de lo que sienta el otro. Su reacción a las situaciones, su actitud ante las circunstancias dependerá de tu evolución y madurez, de como entrene su mente, de sus sistema familiar o creencias y muchas veces nosotros no podemos hacer nada por ellos si no entran en otro nivel de consciencia. Eso sin duda se dará más adelante cuando sea su tiempo de crecer.

En ese sentido, por qué la vida muchas personas la ven difícil? Simplemente porque la vida es difícil para ellos. Nuestra civilización no ha madurado lo suficiente como para que todo el mundo se sienta realizado al mismo tiempo. Estamos atrapados en trabajos que no nos gustan, sólo estamos por el dinero o sujetos a reglas con las que no se sienten cómodos, o religiones castrantes y creen que es parte de lo espiritual o la fe, estamos ante sistemas que no reflejan lo que somos, un sistema financiero que se basa en valores que no conecta con la mayoría de nosotros, o una estructura educativa que no se apega al mundo actual ni a sus necesidades, un sistema judicial demasiado lento que se basa más en reglas que en valores.


Dijo M. Stevenson, Júzgate a ti mismo por lo que crees y no por lo que posees.

Lo que puede ayudar es que entren en conciencia y sepan que la vida es una elección, que todos podemos imaginarnos lo mejor para nuestra vida, y podemos intentar lo mejorar a través de pequeños trabajos o acciones que puedan llevar este mundo hacia delante en vez de estar quejándonos de la de la situación actual de la familia, el barrio, la ciudad o el país.


El cinismo está considerado como una epidemia social. Desde este punto de vista es la epidemia de nuestros tiempos. Se puede ser cínico por el hecho de pensar “quién soy yo para poder cambiar el mundo?” Es decir teniendo las capacidades para hacer los cambios o los bienes, aun así me abstengo de realizar cualquier tipo de acción o movimiento para que ese cambio con el que supuestamente sueño se cumple desde mi hacia otros socialmente.

El cinismo social es una forma de irresponsabilidad de aquellos que teniendo cómo actuar en beneficio de una mejor sociedad no lo hacen. Este cinismo es una excusa y tiene un gran poder de seducción pues es mucho más fácil quejarse que actuar en beneficio de un mundo mejor del cual podría ser protagonista y un actor y no un reactor, como sucede en la mayoría de las personas. Desde los miembros de la familia que pudiendo actuar se quedan adormecidos en una zona de confort, como el empleado que sólo hace aquello por lo que lo contrataron, como el que ensucia la calzada pues cuenta con gente que limpia a diario y más arriba el gobernante que aprovecha el periodo presidencial para resolver sus propios problemas y no los del pueblo que lo eligió.


Cada día debemos hacer un esfuerzo en no caer en nuestros propios pensamientos negativos o pesimistas, o por las palabras de un compañero o porque lo lea en la prensa o porque alguna persona se lo ocurrió decir por la radio o cualquier otro medio masivo de comunicación que la cosa está mal o que esto está cada vez peor. Es una práctica constante esto del optimismo. Por ese optimismo social y colectivo aún estamos vivos.


Entonces el cinismo social es la norma de la cultura del momento. Es parte del sistema. De la Matrix. Lo contrario de ser cínico social es el optimismo ambicioso, el optimismo pragmático que no es sólo sueños o ilusiones sino en base a una verdadera acción social, es la punta de lanza de una actitud que puede volverse contagioso en la medida en que no solamente eduquemos a nuestro cerebro sino que también compartamos esta actitud día a día, constantemente y no limitarnos a sólo decir buenos días por las redes sociales o acompañarlo de una imagen delicada. Así no es como la sociedad cambiará, eso no es suficiente.


Es poner en práctica las herramientas que hemos aprendido en la vida, en charlas, en talleres y consultas, es exponer nuestros hallazgos, nuestras aptitudes, ofrecer nuestros talentos que sirvan a otros de modelo o catapulta para sacarlos de la pasividad, de la oscuridad y sepan que hay otra forma de vivir: LA OPTIMISTA.

Este artículo continuará.


Luis Edgardo

Divulgador | Asesor | Coach Ontológico


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