top of page

Haz que la vida valga la pena

Actualizado: 13 feb 2022

Por dónde empezar esta reflexión, sino hablando de la realidad.

Si, hablar de la realidad es muy difícil, pues como ya hemos compartido en otras ocasiones, la realidad, como la conocemos, sólo es la percepción en nuestras mente de todo aquello que hemos recibido por medio de nuestros cinco sentidos.


Debemos desaprender para poder entender esto, simple pero a la vez profundo.


Hay sólo una vida, esa que está ahí afuera. Hasta ahí vamos bien.


Ahora trata de entender que cada persona interpreta esa misma vida de una manera diferente. Bien?

Lo siguiente que debes entender es que existen una cantidad de filtros, programas mentales, y creencias que hacen de aquello que percibimos por los sentidos algo sumamente personal, y por lo tanto único. Me has seguido hasta aquí?


Entonces la Vida es una sola pero existen interpretaciones y opiniones de esa única vida como personas hay en el mundo.


Bien! Por ahora creo que lo tenemos claro.


Seguiré entonces con el tema de esta reflexión.


Pero antes deseo compartirte sobre el MITO DE SÍSIFO, proveniente de la antigua Grecia para con ello entrar en materia.


Sísifo es un famoso personaje de la mitología de la Antigua Grecia perteneciente a la tradición homérica, creada alrededor del siglo VIII a. C. Sin embargo, su historia ha trascendido en contexto sociocultural de la historia helénica, porque ha llegado a nuestros días como una de las narraciones más importantes vinculadas a la importancia de encontrarle un sentido a las cosas que hacemos y, en general, a nuestras vidas.

¿Quién era Sísifo?


Sísifo fue, según la mitología griega, el primer rey de la ciudad de Éfira, actualmente conocida como Corinto. Aparece caracterizado en la Odisea y en la Ilíada como un gobernante ambicioso y cruel, que no dudaba en utilizar la violencia para mantenerse en el poder y evitar perder influencia ante sus adversarios, lo cual lo llevó a matar a varias personas. Además, no sentía rubor al engañar a las personas y, en general, era descrito haciendo que cumpliese las características de los clásicos embaucadores.

Ciertamente, tener el control casi total de un gran territorio y gobernarlo no era algo poco habitual en esa etapa de la historia helénica, pero Sísifo tuvo la mala fortuna de imponer su voluntad infringiendo las normas que Zeus imponía a los mortales. Según algunas versiones del mito, Sísifo acusó a Zeus de raptar a una ninfa, mientras que otras señalan que traspasó los límites al matar a varios viajeros. En el momento en el que Tánatos, la muerte, fue a buscar al rey griego por orden de Zeus, Sísifo engañó a quien debía llevarlo al inframundo colocándole las cadenas y grilletes que estaban destinados a ser utilizados en él, de modo que no pudiese morir hasta que Ares interviniese.

Al llegar el momento, la historia no terminó con Sísifo quedándose en el inframundo. Fiel a su naturaleza perversa y embaucadora, el rey griego le había pedido a su esposa que no realizase los típicos rituales en honor a los muertos, de modo que Sísifo tuviese una excusa para pedir volver al mundo de los mortales para castigarla. Este deseo fue satisfecho por Ares, pero Sísifo se negó a volver al dominio de la muerte, por lo que traerlo de vuelta supuso causarles nuevas molestias a los dioses. Ahí empezó el famoso castigo de la gran piedra.


El castigo del rey griego: arrastrar una piedra


La pena que debió cumplir Sísifo no se basaba en el dolor físico, ni exactamente en la humillación. Se fundamentaba, en todo caso, en el hecho de experimentar de primera mano el sinsentido.


El castigo consistía en empujar una gran piedra redondeada desde la base de una montaña hasta su cima para, una vez allí, ver cómo esta caía rodando de nuevo hasta el punto de partida. Según alunas versiones del mito de Sísifo, este castigo fue (o, mejor dicho, es) prácticamente eterno.


Ahora llevemos esto a nuestra realidad, si, aquella que es muy nuestra y muy personal.


Aunque el relato de Sísifo solo pertenezca al ámbito de los mitos y las ficciones, su figura tiene algo con lo que es fácil identificarse incluso en la era contemporánea. Porque su historia nos habla sobre la tragedia que supone vivir un absurdo, algo que no lleva a nada, como quizás en algún momento hemos pasado alguna vez en nuestras vidas.

La narración de Sísifo entronca muy bien con la filosofía existencialista, que a su vez ha influido mucho en el paradigma humanista de la psicología. Este conjunto de filósofos se caracterizan por preocuparse por el aspecto fenomenológico de las experiencias, es decir, aquello que es subjetivo, privado e intransferible a otras personas, vinculado a la consciencia de cada uno y a las sensaciones que no pueden ser expresadas totalmente por las palabras.


Siendo que la vida, como la conocemos íntima y personalmente, fue construida por nuestra mente junto a sus emociones, y hasta sensaciones y expresiones corporales, está claro que nosotros somos los únicos responsables de que hacer con “esa vida”, pues somos sus autores y nos pertenece plenamente.

Dicho en otras palabras: el hecho de hacer subir la roca en nuestra vida y dejar caer y nuevamente hacerla subir por la ladera de la colina, sin un sentido aparente, no es más que nuestra y única decisión.


Entonces la Vida es, existe y nada podemos hacer. Lo que hagamos con ella depende única y exclusivamente de nosotros.

Debemos abrazar o adoptar un proyecto de vida, uno que le de sentido a esta efímera existencia, y me refiero a efímera por lo volátil que es, pues sabemos cuando llegamos pero no cuando será nuestra partida, y además la mayoría, presa del Sistema o La Matriz, han hecho de las adquisiciones, lo banal, el tener, sus propios objetivos o proyectos. Estas alegres ilusiones, momentáneas mejor dicho, son parte de la vida de Sísifo, en donde no se nota un avance, y es más de lo mismo y sin ninguna enseñanza o fortalecimiento en particular.

Hacer de las banalidades de las adquisiciones o de aquellas que creemos que nos hacen ser si tenemos, son la Roca de Sísifo. El castigo de la vida, no es más que la imaginaria ilusión de aceptar que no ay una forma diferente de vivir sino la de empujar la Roca, e incluso verla como el castigo eterno de nuestra vida. Pero la realidad es transformable desde nuestros pensamientos, creencias y sentimientos, desde el perdón y la humildad, desde la pasión por el bien y no la venganza, desde la humanitaria solidaridad y no la arrogancia, el egoísmo y la soberbia.


Los proyectos de vida en miras hacia un objetivo noble convertirán aquella Roca en migajas, y la colina será una llanura de caminos amplios y variados que le darán sentido a nuestra vida, y el héroe emergerá desde ese Sísifo ahora convertido en la persona que deseamos ser gracias a cambios en nuestros pensamientos, desde un aspecto psicológico, de forma cognitiva y conductual, viendo la vida con otros ojos y percibiéndola de una forma diferente, que nos afecte menos, haciendo espacio a la felicidad, y haciendo ahora, de nuestras rocas, puentes, murallas, castillos, fortalezas, caminos y no una carga pesada eterna y sin sentido.

La elección es tuya, como siempre.



Luis Edgardo Valderrama C.

Coach Ontológico y Neurogastrónomo



INSTAGRAM:

Coaching Ontólógico CRESER

Coaching Gastronómico y Asesoría en NEUROGASTRONOMIA


PODCAST SPOTIFY:

Coaching y temas holísticos en CRESER.

Cooking & Coaching NEUROGASTRONOMIA

 
 
 

1 comentario


Esa es la realidad habece la cosa no son como uno piensa cada quien piensa diferente

Me gusta
bottom of page