Identidad: una construcción consciente, no un hallazgo accidental
- Luis Edgardo Valderrama

- 22 dic 2025
- 3 min de lectura
Actualizado: 5 mar
Escúchalo tambien en Spotify

Durante mucho tiempo se nos ha enseñado que la identidad es algo que se descubre, como si estuviera escondida esperando ser encontrada. Sin embargo, la experiencia humana demuestra lo contrario: la identidad no se encuentra, se construye.
Nuestra identidad es el resultado de un proceso activo, dinámico y profundamente personal. Pero aquí hay un punto crítico que pocas veces se menciona: según la percepción que tengamos de la vida, así será también la percepción que tengamos de nosotros mismos.
El problema aparece cuando esa percepción está distorsionada por filtros mentales, experiencias no resueltas y creencias limitantes. Cuando interpretamos la vida desde el miedo, la carencia o la aprobación externa, inevitablemente terminamos construyendo una imagen equivocada de quiénes somos.Y entonces ocurre lo más común —y lo más peligroso—: dejamos de vernos como realmente somos.
En muchos casos no solo nos malinterpretamos, sino que comenzamos a creer mentiras sobre nosotros mismos. Adoptamos máscaras, personajes funcionales, versiones “aceptables” de nuestra identidad. A esto se suma la percepción que deseamos que otros tengan de nosotros, lo cual termina alejándonos aún más de nuestra esencia.
Desde ese lugar, la identidad deja de ser una expresión auténtica y se convierte en una estrategia de supervivencia.
Construir identidad, por tanto, no es solo definirse; es también desmontar distorsiones internas. Y ese proceso se sostiene sobre cuatro ejes fundamentales.
Lo que hoy realmente importa
La identidad se apoya, en primer lugar, en los valores. No en los que repetimos de memoria, sino en aquellos que guían nuestras decisiones cotidianas.
Cuando una persona deja de moverse exclusivamente por el dinero y comienza a priorizar el servicio, el conocimiento, el cuidado de otros, el planeta o las nuevas generaciones, no está siendo incongruente: está evolucionando. Los valores cambian cuando la conciencia se expande. Ignorar ese cambio interno genera conflicto, desgaste emocional y una sensación persistente de vacío.
Lo que fluye sin forzarse
Todos tenemos talentos naturales. Siempre hay algo que se nos da con mayor facilidad: escuchar, comunicar, motivar, crear, enseñar, resolver, acompañar.
Estos talentos o dones no son casuales; son canales a través de los cuales la identidad se expresa. Cuando una persona vive desconectada de sus talentos, siente cansancio y frustración. Cuando los integra, aparece coherencia, energía y sentido.
Negar los propios talentos por miedo, comparación o modestia mal entendida también es una forma de desconexión identitaria.
Lo vivido
Hay momentos en la vida en los que uno se dice internamente: “Aquí soy yo. No estoy actuando. No estoy representando nada.”
No siempre son los momentos más visibles o exitosos, pero sí aquellos donde hubo paz interna y congruencia. Nuestra identidad se manifiesta con claridad en esos espacios donde dejamos de cumplir expectativas y simplemente somos.
Revisar esas experiencias es una forma honesta de reencontrarnos con nosotros mismos.
Lo que esperas de la vida
La identidad también se construye desde las aspiraciones profundas. No solo desde lo que deseamos, sino desde aquello que estamos dispuestos a entregar para lograrlo.
Cuando las aspiraciones son propias, la vida adquiere dirección. Cuando no lo son, terminamos persiguiendo metas ajenas, viviendo agendas que no nos pertenecen y sosteniendo personajes que no somos y que nos desgastan.
Lo que ocurre cuando defines tu identidad
Definir la propia identidad no es un ejercicio teórico; es un acto transformador. Y cuando esto sucede, pasan al menos dos cosas fundamentales:
Libertad y tranquilidad. Muchas de las decisiones que tomamos no nacen de lo que somos, sino del deseo inconsciente de encajar, agradar o quedar bien ante el sistema, y esto es la acción más usual del E.G.O.1 Definir tu identidad rompe esa sumisión silenciosa.
Una vida con sentido. No porque desaparezcan los problemas, sino porque aparece un “para qué”. La coherencia interna genera dirección, claridad y paz.
La gran tragedia de la identidad es construirla desde lo que creemos que los demás creen que somos. La gran paradoja es que cuanto más auténtica es una persona, más útil y valiosa se vuelve para los demás.
Construir tu identidad no es un acto egoísta. Es un acto de responsabilidad personal. Y aunque no siempre sea cómodo, es profundamente liberador.
Luis Edgardo Valderrama C.
Consultor
-Master Coach (Authorized by the International Association of Coaching (ICI) and Life University of Israel to train and certify individuals as Professional Coaches)
-Coach Ontológico Profesional Certificado
-Coach Certificado en Habilidades Blandas
-Coach Certificado en Psicología Junguiana
-Coach Sistémico - Certified Systemic Family Constellations Practitioner (trained in the Bert Hellinger approach)
-Neurogastrónomo Certificado
-Coach Cristiano Certificado
-Miembro permanente de la Asociación Internacional de Coaches del I.C.I.
Síguenos en Instagram: instagram.com/lv_consultor
Envíanos un emal: director@lvconsulting.me
E.G.O. El Gran Opositor




Comentarios