La muerte y la humildad
- Luis Edgardo Valderrama

- 16 abr 2017
- 5 min de lectura
Actualizado: 11 jun 2020
Todos hemos experimentado la muerte de cerca alguna vez en la vida.
A veces por medio de un familiar, o una amistad, o alguien conocido. Hay quienes se han visto envueltos en situaciones en donde incluso han pensado en quitarse la vida. He visto los ojos de la muerte en familiares y conocidos antes de partir de este mundo. Sus almas nos llaman y nos atraen a ellos como si se tratara de una reunión de despedida. Algunos estamos conscientes de que ese momento se trata de eso, una despedida. Como si esa alma nos quisiera ver a todos por última vez.
La fuerza de almas unidas en un mundo superior, al cual todos pertenecemos y de donde todos venimos. Es una fuerza inimaginable. Divina. Superior.
El tema es que todas las almas fueron creadas por Dios y han estado unidas como una sola alma, única e indivisible hasta que llego el momento del “estallido” que hizo que cada una se individualizara en el alma que ocupa cada cuerpo, entre otras criaturas.
Las almas, como hemos aprendido son parte de Dios mismo y comparten Su Sustancia Divina y las hace creadoras y con un conocimiento pleno de pasado, presente y futuro. Desde ahi podremos entender una premisa muy valiosa: cada alma elige su entorno, su vida, su destino, sus padres, y es la primera responsable de atraer a la vida terrenal a cada ser humano que “debe” pasar por su vida una vez que ocupe el cuerpo que debe ocupar.
Somos responsables de aquellas personas que atraemos a la vida, empezando por nuestros padres, familiares, amigos, parejas, amantes, compañeros de clases, jefes, vendedores… todos los atraemos y tu alma “planificó” todo para que se diera ese encuentro, de días, horas o años. Pero en términos espirituales no atraemos a las personas, ellas, (nosotros) tenemos debilidades, defectos, como también dones. Somos “torpes” en expresarnos pues el alma no siempre puede fluir libremente en este mundo. El ego, la debilidad de la carne, entorpece la acción de la luz. Por eso hay algunas o muy pocas ocasiones en que podemos llegar a amar a alguien por el alma, y no por su ser o su belleza. Amamos profundamente de una manera mágica que trasciende el tiempo y el espacio.
Podemos llegar a traspasar lo físico y amar su esencia. En este mundo cometemos errores que desde lo físico parecen graves e imperdonables, pero si tratáramos de separar alma del cuerpo, lo que el alma trae para enseñar, decir, amar y compartir es muy, muy superior a todo lo que podamos hacer o decir torpemente en este plano físico.
Cuando miramos al ser desde el alma y con el alma, dejamos de ver al humano y sus limitaciones. Entonces dejamos de etiquetar, juzgar ni maldecir. Pues ese ser lo atrajimos a nuestra vida por muchas razones y nuestra lógica y mente finita no da para comprender fácilmente la razón de su existencia en nuestra vida. Muchas almas nos vienen a enseñar cosas muy elevadas, dar lecciones, mostrarnos nuestras debilidades, arrogancias, errores, malas decisiones del pasado, a liberarnos, a dar ejemplo, a solventar miedos, culpas. Todos viene con un propósito y los atraemos o atrajimos por alguna razón. Algunos llegan a querer deshacerse de las personas y los aparentes problemas que les causan, pero es sólo una forma de evadir la responsabilidad de haber atraído a ese ser y no querer enfrentarlo. Sólo lo que hace es alargar el tema y seguirá atrayendo a seres semejantes en lo terrenal, aunque obviamente al final toda alma es un ser de luz. Juzgamos y hasta maldecimos los problemas y a las personas, y eso recae sobre nosotros mismos. Hicimos que llegaran a nuestras vidas y ahora no sabemos cómo salir de ellas. Pero no vemos al alma. Al ser de luz que vino encapsulado en ese cuerpo y que forma parte nuestra. Si. Todas las almas viene de una alma única, todas las almas, en un sentido literal son almas gemelas, incluso aquellas que “no pegan” con nosotros ni locos. Ocultarnos, evadir, recrear programas mentales, jamás funcionará hasta que solventemos lo espiritual que atrajimos y disfrutar del proceso.
Es por eso que cuando amamos desde el alma, cuando vemos la esencia del otro ser, incluso sus aparentes defectos, sabremos que vienen a darnos luz hermosa a la existencia. Al amar y mirar el alma, y no aquello que nos enfrenta al ego desde lo físico, podremos trascender a situaciones y valorar al ser humano que es portado del SER, esa alma que atrajimos con un infinito poder DIVINO y que hace o haría que nuestra vida realmente sea transformada un nivel inimaginable.
La vida se nos muestra muchas veces desde las rabias, las iras, los miedos, y asumimos roles que rompen con la esencia maravillosa que tenemos. Tomamos decisiones para aparentar algo que no somos, para ocultar nuestros más íntimos y apasionados deseos o nuestros miedos y frustraciones. Nos ocultamos en el culto al cuerpo, en la aparente intelectualidad, en el sacrifico al trabajo o queremos vernos como los padres mas maravillosos o los ciudadanos más reconocidos de la sociedad, o en un ambiente opulento para ocultar la miseria mental y nuestra verdadera pobreza espiritual. Llegamos a ser arrogantes y creemos que tenemos la verdad y juzgamos desde el ego, desde el cuerpo, desde la mente lógica, y no dejamos fluir la luz del alma, ni la nuestra ni la de aquella persona física a quien juzgamos.
Cuando amamos al alma y no a la persona, llegamos a traspasar lo invisible, llegamos a conocer a alguien como a nadie en el mundo, por haber llegado al alma, al ser, a la esencia viva de Dios en ese ser. Traspasamos los errores, los defectos y las caídas. Sabremos ser sabios y en lugar de juzgar podremos hacer que aquella alma alcance su potencial de luz en ese ser y no importa lo torpe que pueda ser al cuerpo, su alma es la que nos importa en elevar y rescatar con sabiduría.
Cuando he tenido la muerte ante mis ojos, veo la belleza de la vida en el alma del amado. Cuando veo la muerte a los ojos me pregunto de qué me siento orgulloso, de qué conocimiento hablo, qué riquezas tengo? Todo proviene de Dios. Nada de que enorgullecernos. Nada desde donde juzgar, criticar, o maldecir. Todo lo atraje, todo viene del alma y de Dios. Hoy recordé a mi padre, mi abuela, mi abuelo, el dolor de mi hijo, el llanto de conocidos y desconocidos y me llevaron a reflexionar, lo pequeños que somos. Fue un llamado a la humildad desde la muerte.
Una humildad humilde. No una humildad de la que nos sintamos orgullosos de ser humildes.
Mirar el momento final del cuerpo y la trascendencia del alma a un nivel superior nos debe llevar a reflexionar en nuestras acciones y aquellas cosas que nos negamos, al ser arrogantes, egoístas, egocéntricos, iracundos, impulsivos, orgullosos de nuestro cuerpo o nuestras posesiones, queriendo ser altruistas para ser reconocidos o recordar a otros los favores hechos, y que en realidad, no sólo lo material quedará aquí o se deteriorará con el tiempo, sino que todo aquello que nos negamos, huimos, escondimos y ocultamos saldrá a la luz en esta vida o en la próxima, llevaremos la misma carga una y otra vez.
La muerte entonces será la forma en que dejamos de vivir una vida plena por apegarnos a nuestro orgullo y a lo físico que sólo nos lleva a otro tipo de muerte: la muerte en vida en la esclavitud y culto al ego. Te espero,
Luis Edgardo Asesor – Consultor – Facilitador




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