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La otra consciencia

Actualizado: 31 jul 2020

Con esta nueva entrega les comento que he tenido la oportunidad de oír o leer varias veces sobre la consciencia desde un punto muy superficial.


Algo como: se consciente de esto o aquello, vuélvete consciente, ten consciencia, y otras frases más.

La consciencia no es una frase holística, sino una actitud de verdadera plenitud con tu propio ser.

Por increíble que parezca para ti, en caso de que no manejes estos conceptos, como ya lo hemos compartido en charlas, talleres o por estos medios, hay una realidad pero lo que vemos de ella o sobre ella (me refiero a la vida) es la percepción que nuestras creencias han hecho de ella. Lo que vemos no es, sino sólo una ligera percepción, de ella. La distorsionamos por nuestros pasados, miedos, conflictos internos y demás filtros mentales en nuestros sistemas de creencia, que, aunque son nuestros, pues somos dueños aparentemente de ellos, no quiere decir que debamos aceptarlos como buenos y válidos por el solo hecho de estar en nuestro interior. Pues dejamos que llegaran a la mente, pero así mismo podemos sacarlos cuando nos impide felicidad, prosperidad o placer.


Ser consciente es una plena aceptación de que , incluso, no somos conscientes de nosotros, pues hasta tenemos una percepción o idea distorsionada de nosotros y obviamente de lo que al parecer pasa alrededor e interpretamos como “conflicto”. Y ahí es donde comienza todo. Rechazando lo que llega a nosotros como si fuéramos maestros que lo que conviene o no por encima de la sabiduría universal.

La consciencia es aceptar el dolor, la tristeza, la rabia y no negarla. Es sentir la dureza o suavidad de la silla en la piel donde estamos sentados en este momento. Sentir la piel del calzado. Sentir el cepillo peinando tu cabello o la textura de la tela que te cubre o la suavidad de tu desnudez.


Vivir plenamente el presente nos lleva a la consciencia de que lo que está pasando sólo está pasando en nuestro momento actual y que el pasado no está reproduciéndose actualmente. No existe y no está sucediendo al menos que lo sigues “RE-viviendo” y así será por el tiempo que lo sigas permitiendo sea por miedo, por barrera o conveniencia para seguir alimentando al ego.


Los pensamientos son propios, nuestros, y es imposible que si los producimos nosotros mismos hagamos pensamientos destructivos o anti-felicidad. Somos dueños de ellos. Nadie “me hace pensar” tal o cual cosa. Yo lo pienso, nadie interfiere. Lo pienso o no lo pienso y en ambos casos soy responsable de lo que pienso, pero al saber que todo es parte de mi percepción de la vida, debo estar “consciente” que veo la vida injusta o dura o machista o política o feminista o hermosa o perfecta solamente desde mi pensamiento y mis conceptos.


Negamos lo que llega a nosotros por miedos pasados, no actuales y negamos la vida y la felicidad por esos pensamientos que ahora tenemos y que no son actuales. Son viejos. No tienen vigencia. Están fuera de la consciencia presente. Rechazamos la belleza de la vida por prejuzgar aquello que desconocemos desde lo que conocimos previamente pero no es lo actual. Elegimos por miedos, por comparaciones y hasta por desconocimientos. Y no lo sabemos vivir.Dejamos la consciencia a un lado y por lo tanto dejamos de “vivir”. RE-vivimos más que vivimos.


Aceptar las emociones nos conectan con el pasado pero no con el presente. El presente lo estamos anulando por el pasado. Y dejamos que influya drásticamente. Es una manera de estado de confort conveniente desde el inconsciente: el cerebro reptil o primitivo.

Estás en el único lugar donde puedes estar. No puedes estar en dos partes. Podrás preferir estar en otra parte, pero la consciencia nos dice “estoy aquí y ahora”.

Eso no anula la aspiración de estar en una isla o una montaña. Pero no podemos tener la angustia de que lo que “no eres” o lo que “no tienes” evite vivir la plenitud pues sería un rechazo a ti mismo, a tu presente y a lo que atrajiste. A aquello que está “construido” para ti. Eso tiene tu nombre. Es ineludible. Indefectiblemente te pertenece.

Debemos evolucionar junto al universo sabio e infinito y esa evolución muchas veces debe ser involución y desaprender.


Se consciente de ti, y vive tu único momento, este presente.

Deja de autocastigarte, autonegarte, y de creerte más sabio que el universo que sabe lo que necesitas y te conviene. El sabio universo que nos hace ver en otros lo que no podemos ver en nosotros mismos (pues creemos que ellos están equivocados y yo soy quien está bien). El Eterno y el universo, como herramienta Suya, nos lo coloca en el camino para abrirnos al amor y la felicidad desde el conocimiento pleno de nuestro maravilloso ser, el alma, chispa Divina del Creador y fluyendo junto a Su Luz perfecta.


Luis Edgardo Valderrama C.


Coach Ontológico

Instituto de Coaching Internacional. Colombia.

Certificado en Neurogastronomía Aplicada

Instituto de Neurociencia de las Américas. Venezuela.

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