Miedos, fobias, temores y ataques de pánico.
- Luis Edgardo Valderrama

- 14 ago 2016
- 4 min de lectura
Miedos, fobias, temores y ataques de pánico.
Entre los mapas mentales que nos han ido formando, que han ido moldeando nuestro carácter, nuestra personalidad hay unas piezas que al parecer no siempre estamos conscientes, y que inciden drásticamente en nosotros, a tal punto que, siendo parte del pensamiento, del ego (rasgo del ser basado en la supervivencia) y de nuestra conducta, es capaz de paralizarnos y quitarnos una gran parte de la posibilidad de elegir libremente, de tomar decisiones valiosas y hasta de obstaculizar la consciencia de nuestra felicidad.
Los miedos y las ansiedades poseen un poder tremendo en nuestra psiquis, y son capaces de sabotearnos en muchas áreas de la vida: Amor, placer, salud, economía, éxito profesional, paz, felicidad.
Pero además de los miedos, fobias, que pueden venir desde una vida pasada, estando aún en gestación antes de nacer, por algún susto recibido por nuestra madre, un impacto emocional recibido de niños, también están los más actuales como ataques de pánico.
Una de las cosas que debemos tener presente, y debemos estar consientes de ello es que todo problema o situación viene junto con su solución. Evidentemente, para ello debemos tomar decisiones maduras, pero en estado de paz, en tranquilidad, sin un sentimiento de ira, tristeza o miedo, pues la decisión será, por demás errada, ya que fue tomada en un estado o emoción que no refleja nuestra estabilidad, equilibrio o tranquilidad. La situación nos forzó a elegir y esa elección está parcializada por una emoción momentánea y pasajera, y la decisión puede hasta sabotear nuestra propia paz o felicidad. Pero es reversible.
Entonces, así el problema está hecho a nuestra medida y ofrece una o varias posibilidades, pero jamás vienen a nosotros, o no las atraemos si no poseyeran una salida. El tema es que lo desconocemos. No sabemos cómo va a parar la cosa. No podemos ver el futuro. Y sólo poseemos información de lo vivido, de vidas pasadas en el subconsciente, de datos antiguos, y el centro asume una propuesta y ofrece alternativas, pero siempre desde el ego y el subconsciente, jamás desde una información imparcial, justa y realista. Entonces el cerebro juega a ser Dios, y te hace creer que esa es la decisión más correcta. Una semana después, o hasta días, te das cuenta que la emoción intervino erradamente y sabotea tu vida de formas injustas. En los ataques de miedo, ira o tristeza, la emoción jamás será un buen consejero.
Entonces, como no sabemos lo que viene en el futuro, preferimos negarnos a lo que venga pues tampoco sabemos cómo enfrentarlo. Armamos una historia peor de la que realmente es y la ponemos más grave para que así sea más difícil enfrentar la situación. No saboreamos la vida ni la existencia.
No puedes permitir que el pánico aumente con otros pensamientos atemorizadores. Interrúmpelo pensando y observarás que así el miedo comienza a desaparecer por sí mismo. Intenta calmarte y relajarte poco a poco. Practica una respiración lenta y relajada. Imagina que es un globo que se hincha lentamente y luego se deshincha.
Espera y deja tiempo al miedo para que se pase. Obsérvalo y trata de ver de dónde viene, que lo causa. Si requieres de ayuda profesional búscala para acelerar el proceso de mejoras.
Piensa en el avance que has hecho hasta ahora, a pesar de todas las dificultades. Piensa en lo satisfecho que estarás cuando lo consigas.
Cuando empieces a sentirte mejor y estés dispuesto a continuar, comienza de forma tranquila relajada. No hay necesidad de esfuerzo ni prisas.
Intenta distraerte, ahora que el nerviosismo ha bajado. Habla con alguien, toma un paseo. Cuanto más aprendas a manejar el miedo, menos miedo tendrás y te sentirás más libre.
Planifica de forma racional sus tareas diarias, prioriza tus necesidades y si por alguna cuestión no puedes llevar a cabo todas, piensa que después de un día viene otro.
Intenta dejar un hueco todos los días para incluir entre tus tareas aquellas actividades que van a resultarte más agradables y placenteras: leer, escuchar música, hacer algo de ejercicio, pasear, el sexo armonioso y placentero, cualquier cosa que te resulte relajante.
No dejes de practicar aquellas actividades que te proporcionen sensación de “cargar las pilas”. Recuperar la energía es necesario.
No te “aceleres”. Recuerda que hacer las cosas con más rapidez no te hace más eficaz.
Aprende a manejar tus sentimientos. Los pensamientos positivos también tienen un efecto positivo sobre nuestro estado de ánimo.
Es importante reconocer los pensamientos agobiantes, en aquellas situaciones que te preocupan (el “todo”, “nada”, “siempre”, “nunca”, “nadie”), para cambiarlos por otros más racionales (“algo”, “algunos”, “algunas veces”).
Aproveche tus errores y aprende de ellos. Equivocarse es humano y no es necesario hacer las tareas a la perfección.
Sigue una dieta equilibrada y procura eliminar o rebajar aquellas sustancias perjudiciales para la ansiedad, beber agua, comer frutas, vegetales, ayuda mucho en la camino a la calma y la tranquilidad. No es necesario llegar a ser vegetariano si no lo deseas, pero no deja de ser una buena opción.
Si tus hábitos de descanso no te resultan satisfactorios, intenta modificarlos. Procura dormir lo necesario para descansar.
Por último, recuerde que se puede aprender a manejar la ansiedad y a disminuirla progresivamente, es posible, es viable, y más aún, es necesario. Te espero.
Luis Edgardo




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