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Pasando la luz en el Liderazgo

Actualizado: 13 feb 2022


Es evidente que el Liderazgo trae consigo muchas satisfacciones en la carrera empresarial o social del líder que alcanza sus logros o metas, y seguramente esto le anima a seguir adelante.


Pero ser un verdadero líder requiere de no sólo conocimiento, astucia, sabiduría, carisma, inteligencia emocional muy equilibrada, sino además, mucha humildad.


La etiqueta de líder puede venir “de fábrica” o hacerse por medio de entrenamiento gerencial en las ciencias necesarias para su formación, pero sea cual sea el caso, al final ese líder requiere de unas aptitudes esenciales no sólo para la supervivencia del equipo o grupo que lidera, sino también para que su liderazgo se perpetúe.


Evidentemente a estas alturas de la historia está claro que el gerente, el mandamás, el capataz y peor aún, el tirano, no son las figuras de liderazgo que el hombre necesita para motivarse a alcanzar metas. Son gente que no queremos a nuestro lado, y menos “sobre nosotros”. Es ese personaje negativo que ordena, grita, domina, atemoriza, somete, controla a sus colaboradores, de tratarse de una empresa, o de sus seguidores en caso que sea aun grupo social.


La motivación es parte fundamental no sólo de las herramientas a user utilizadas por el líder, sino sumamente valoradas y apreciadas por el equipo humano que dirige. Sin esta motivación los objetivos estarán no sólo lejos de alcanzar, sino que quizás no se logren completamente o con la eficacia que se pensó originalmente.


Como líderes necesitamos personas que se sientan apoyadas, capaces de ver oportunidades donde otros ven obstáculos o problemas, personas con un optimismo que sea directamente proporcional al empuje que se requiere para alcanzar las metas establecidas por nosotros, en especial en esos momentos más difíciles, como cuando entre todos o alguno del conjunto se comete un error. Ese es uno de los momentos en donde se mide al líder, y los demás fijan su mirada en él, esperando la reacción a la que normalmente le temen si este líder fuera el común gerente, o el déspota que jamás se equivoca o que busca siempre un culpable.

En ese momento es cuando la inteligencia emocional del líder aflora y éste sabrá darle el mejor uso, con carisma, con tacto, con humanidad, sin dejar a un lado la autoridad necesaria pero sin excesos.


El líder no existe sin el equipo o grupo. El regaño, el maltrato como resultado de un error de un colaborador, no sólo desmotiva a quien tuvo la falla, sino al equipo que mira sobrecogido lo que les podría pasar si el error lo comente alguno de ellos en el futuro. Cómo apoyar a ese líder? Cómo valorarlo?


Entre estas personas, habrán muchos con talentos, y será muchas veces preferible no esforzarse, hacer sólo lo básico para cumplir tus tareas y funciones antes que pretender innovar o crear no sea que termine como su compañero. Esto no es lo que quiere un líder verdadero, humano y sabio. Desea gente motivada, que se estimen y preocupen entre todos, en donde las fallas son asumidas por el conjunto pues cada quien es una pieza fundamental en el todo. En donde en lugar de que “la unión hace la fuerza”, el lema sería “la suma de ellos es más grande que el conjunto”, dando así cada quien tiene un puesto relevante y valioso.


Pero además de estas características humanas que son necesarias en un verdadero líder, quiero compartirte otra que he aprendido con el tiempo y no en un salón de clases.


Según la historia, cuando el hermano de Moisés, Aharón, el Sumo Sacerdote encendía el candelabro de siete brazos llamado Menoráh, lo empezaba a hacer por la luz del centro y con ésta encendida a las restantes hasta que todo el candelabro quedaba encendido para el servicio sacerdotal.


Si eso lo aplicáramos a nuestro tema, es importante entender que el rol del líder es motivar, influenciar pero además debe aprender a delegar. Darle el conocimiento a los otros. Pasarle la luz. Si nosotros hacemos todo el proyecto no tendrá continuidad cuando nosotros no estemos.

No es fácil motivar, pero más difícil aún es lograr que el otro empiece a “volar solo”. Nos pasa con nuestros hijos y alumnos, cuando los vemos caminar solitos y soltarse la mano, eso nos llena de gran satisfacción y tranquilidad.


Cuando delegamos compartimos con cada quien en el equipo y éste se sentirá motivado. Es un voto de confianza que estamos depositando en ellos y eso aumenta su autoestima, se involucra con el objetivo, con el líder, con la empresa o con la causa.


A veces pienso que este esfuerzo de mi proyecto CreSER, de cambiar la consciencia de las personas que me siguen podría quedarse en nada al menos que enseñe cada secreto y comparta cada conocimiento, cada falla que he cometido, cada error del cual he aprendido y delegue en cada seguidor y lector, en su mayoría, por cierto, anónimos para mi, la voluntad de seguir este proyecto y que el cambio de consciencia humana que pretendo no termine con mi desaparición física de este plano.


El líder debe motivar, delegar y pasar la luz para el que todo tenga una continuidad. Es lo que algunos llaman dejar un legado, pero no se trata de que una calle lleve nuestro nombre o aspirar que pongan un busto conmemorativo en una plaza. Lo que traspasamos a otros son ideas, emociones, consciencias nuevas, verdades profundas, nada que pueda comprarse o pagarse con dinero.


Es el valor más grande que podemos dejar una vez que sepamos cuál es nuestro propósito en este mundo, y sin egoísmo, para que ese objetivo siga como si uno siguiera entre los demás, aun luego de nuestra partida.



Luis Edgardo Valderrama C.

Coach Ontológico y Neurogastrónomo


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