Rencor, castigo o asertividad? Parte 2
- Luis Edgardo Valderrama

- 2 ago 2020
- 7 min de lectura
Actualizado: 13 feb 2022
En la primera parte de esta reflexión (que puedes leer aquí), traté de abordar algunos aspectos sobre el rencor o resentimiento que algunas personas muestran ante ciertas situaciones.
Además de la separación que se crea entre las almas, como lo expuse en aquella publicación, también a ello se le añade un sentimiento de dolor y culpa en el alma que propicia esta separación.
Me explico: Recordemos que todos venimos de la misma fuente, estamos unidos. Imagina una vasija o recipiente como un florero. Lo tienes? Ahora imagina que adentro hay algo explosivo y estalla adentro. Es evidente que el florero estallará también en miles de pedazos, y cada pedacito es un alma que por mucho tiempo está ligada a la que estuvo junto a ella, pero hasta ese momento, no se veía separación, ni pedazos, era un florero íntegro. Pero ahora cada partícula está fuera de su lugar. Me sigues?
Aún separadas, cada partícula pertenece al florero, y pertenecía a la otra partícula que ahora por causa de la explosión está separada de ella.
Por esa unión y por ese amor con las que fueron creadas, lo que pase a una lo siente la otra.
Llevándolo a este plano físico, ahora vemos que cada partícula está dentro de un ser vivo, y la costumbre de estar aquí le hace olvidar inconscientemente su origen, pero la partícula, en este caso, el Alma, sabe perfectamente su origen, y su fuente.
De ahí el dolor que se genera cuando hacemos daño a otros con insultos, rencor, cuando nos hacemos los indiferentes, cuando nos sentimos más importantes que el otro, o alimentamos el odio, sentimientos de culpa, etc.
Te sorprendes? Ves a dónde nos llevan nuestras acciones?
Por otro lado, lo que hacemos no “se paga” de una vez, pueden pasar días, o años, o incluso en la próxima vida, y luego alguien dice, pero por qué me pasa esto mi?
Un negocio en quiebra, una relación que termina en malas, situaciones legales fuertes, una enfermedad, todo pasa por algo, y hay lecciones en cada situación.
Sabemos que, espiritualmente, debemos amar a todos, incluso a nuestros enemigos; pero eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Solemos tener miedo a que por perdonar a alguien que nos ha lastimado nos dispongamos a salir heridos nuevamente. Tenemos miedo de mostrar debilidad al dejarlos escabullirse tan fácilmente, creemos que tenemos la justicia en nuestras manos y sentimos el deber de hacerles pagar. Crear miedo en el otro, hacerlos huir, y quién sabe qué más.
Pero perdonar a alguien en realidad es un enorme acto de valentía y fortaleza, uno que tiene el poder de revelar una Luz increíble. La Luz del Creador operando desde nosotros.
Cuando no nos desprendemos de nuestros traumas del pasado, continúan afectándonos a nosotros y a las personas que nos rodean; incluso cuando esa no es nuestra intención. Usamos el dolor del pasado como una excusa para herir a personas en el presente. Por ejemplo: si una pareja anterior nos fue infiel, quizá nos volvamos suspicaces, celosos y desconfiados con nuestra pareja actual, lo cual puede crear una enorme tensión en una relación. Llevamos las cargas de experiencias previas porque en realidad no las hemos superado.
Entonces, ¿cómo aprendemos a perdonar a las personas que nos han lastimado?
Lo primero es recordar o aprender que todo pasa por algo y si nos pasa a nosotros “eso” nos pertenece, debemos aceptarlo, abrazarlo, vivirlo e incluso agradecerlo, pues nos ayuda a crecer y evolucionar. Así que cada persona o situación que llega a nuestra vida y “nos hace pasar por un mal rato” la atrajimos o la merecemos por algo en particular. Y si huimos de ella y la evitamos, aparecerá otra que traerá la misma situación hasta que lo aceptemos y aprendamos. Lo siento, es así, lo creas o no. No escribo o comparto para pasar un pañito caliente para tu dolor o para darte falsas esperanzas. Te escribo desde mis creencias. Aquí no hay mantras o repeticiones como “soy feliz a partir de hoy”, o “soy una persona bendecida”, “soy una persona próspera” o cosas así. Nada de esto tiene poder si sigues siendo la misma persona desde adentro. El desconocimiento de la ley no te exonera de culpa. Las leyes universales deben cumplirse bajo cualquier circunstancia.
Cada bendición o situación “buena” y cada dificultad “o situación mala” que enfrentamos proviene del Creador. Cuando alguien nos hiere o enfrentamos adversidades, la Luz sigue estando ahí aunque esté oculta. Incluso cuando no podamos entender por qué, el Creador ha enviado a esta persona o esa situación a nuestra vida por una razón.
Tenemos una increíble oportunidad de revelar esta Luz oculta mediante el poder del perdón. Esto no significa quedarse expuestos a que nos lastimen nuevamente. De hecho, quizá te parezca necesario distanciarte de la persona. Pero el perdón nos ayuda a desarrollar una relación más fuerte con el Creador. Nos libera del dolor causado a la vez que nos abre a la posibilidad de aprender de la situación.
Es difícil ver que algo bueno puede venir de nuestro dolor mientras estamos sufriendo, pero es importante dar un paso atrás, respirar profundo y meditar en qué podríamos aprender de nuestra experiencia. Qué responderíamos si el Creador se acercara a preguntarnos: Por qué crees que puse esto en tu camino?
Usualmente podemos mirar nuestros errores y desafíos pasados para ver cómo nos han convertido en la persona que somos hoy, pero aún así nos cuesta ver que lo que estamos atravesando ahora nos está conduciendo a ser la persona que seremos mañana. Si creemos que nuestras experiencias tienen el propósito de moldearnos en personas mejores, entonces debe haber alguna lección de vida en la situación.
El perdón es una oportunidad para crecer.
Considera todos los desafíos en tu vida como una pista de obstáculos diseñada sólo para tí. Cuando perdonamos nos unimos a la Luz, y estando de su lado nada nos pasará. Perdonar es recuperar el poder de la Luz que tuvimos antes que la vasija del pasado estallara, es tener unión, paz, felicidad y placer pleno y verdadero.
La gente que aparentemente nos ha lastimado tan sólo son algunos obstáculos de la vida, instrumentos del mismo Creador. Sólo EL lo ha hecho posible. Con práctica, podemos aprender a ver a las personas como enviados por nuestro bien espiritual y mental.
Por eso cuando guardamos rencor perdemos nuestro poder y se lo entregamos a la otra persona. Lo responsabilizamos a él o ella de lo que nos pasa. Desde la PNL y la Neurociencia entendemos que lo que pensamos o sentimos es nuestra responsabilidad, nadie nos “molesta”, nadie nos “hace sentir tal cosa”, nadie “nos pone triste”, o nadie “nos pone enojados”. La decisión es nuestra en cuanto a cómo actuar. Y si le entregamos el poder al otro o la otra de nuestras emociones, esa es nuestra decisión y nuestra responsabilidad. Es como decirle al otro, toma mis sentimientos y has con ellos lo que desees. Perdimos así el control y el dominio de nuestros pensamientos y nuestro corazón.
Cuando creíste que con rencor estabas castigando al otro, en realidad estabas permitiendo que controle tus emociones.
Cuando elegimos no perdonar, elegimos adoptar el papel de la víctima en la situación. No podemos controlar o cambiar lo que nos ha sucedido, pero podemos recobrar nuestro poder al no permitir que esa persona sea la fuente de nuestra energía, y menos si fue “enviada” por AQUEL QUE TODO LO PERMITE. Me sigues?
Cuando asumimos la responsabilidad de nuestro propio sufrimiento y reconocemos que podemos elegir seguir adelante, obtenemos libertad del victimismo. Esto no significa que lo que hizo la otra persona esté bien para nuestros parámetros o sistema de creencias, y tampoco significa que no nos dolió. Tan solo significa que decidimos no permitir que ese dolor nos destruya. Elegimos usar la experiencia para transformarnos en mejores personas o seres humanos, y por ende, sabios.
En este sentido, podemos ver que el perdón no se trata de debilidad. Se trata de recobrar nuestro poder y asumir la responsabilidad de nuestra felicidad.
Sabiendo todo esto y que cada persona es enviada a ti por un plan divino, desea el bien para aquellos que aparentemente te han hecho mal, pero ahora sabes que tal cosa no es cierta. No hubo tal cosa como el mal. Todo está perfecto.
Imagina a las personas que te han lastimado, delante de ti, pidiéndote que los perdones. Deséales el bien y espera que encuentren la transformación en sus propias vidas. No tienes que ser su mejor amigo de nuevo o siquiera mantener el contacto. Algunas personas no están destinadas a quedarse en nuestra vida, especialmente cuando nos han lastimado de forma continua; y eso es válido. Lo mismo aquellas personas que nos han hecho crecer y madurar puede ser que en algún momento partan pues vinieron a hacer su labor en nuestra vida.
Si perdonamos a aquellos, podemos dejarlos ir verdaderamente y no llevar la carga del dolor con nosotros. Así como agradecer a estos por aparecer en nuestras vidas.
Hay un pasaje de un texto místico de gran poder, llamado el Zohar, y este texto reza asi y es maravilloso poder comprometernos con nosotros mismos en cumplirlo:
En todos mis días, perdoné e hice la paz con cualquier hombre que me hizo daño. Si yo no podía hacer las paces con él, no dormía en mi cama antes de perdonarlo a él y a todos aquéllos que me agraviaron. Así, no guardé odio todo ese día por el daño que me hicieron. Además, desde ese día traté de ser amable con ellos.
Además desde la PNL te comparto esta afirmación diaria:
Yo soy la única persona que tiene el poder para determinar qué me lastima y qué me sana. No hay rencor suficientemente grande como para que valga la pena tener una vida llena de amargura y resentimientos. Amo mi vida. Entiendo que no siempre escucho lo que quisiera escuchar, pero reconozco que cada persona tiene el derecho de decir y expresar lo que entiende. Mi vida es valiosa y no la voy a malgastar con malos recuerdos.
Acepta. Permite. Fluye. Vive. Luis Edgardo Valderrama C.
Coach Ontológico y Neurogastrónomo
INSTAGRAM:
Coaching Ontólógico CRESER
Coaching Gastronómico y Asesoría en NEUROGASTRONOMIA
PODCAST SPOTIFY:
Coaching y temas holísticos en CRESER.
Cooking & Coaching NEUROGASTRONOMIA




Comentarios