Responsabilidad social e individual
- Luis Edgardo Valderrama

- 1 ene 2017
- 4 min de lectura
Actualizado: 11 jun 2020
Hoy día sabemos que la tecnología a logrado hacer cosas que en la Era Industrial no se tendía pensado. Interconexión de seres humanos en tiempo real, nano robots, cirugías microscópicas, y un sin número de equipos y aplicaciones que hacen de la vida algo aparentemente más simple.
Pero, paralelo a todo ello y al crecimiento desproporcionado de las grandes urbes modernas, los seres humanos nos hemos aislado en muchos sentidos de aquel contacto más allá de lo físico: el emocional y el social que depende de ello.
Algunos hemos tenido la dicha de pasar y compartir en lejanas poblaciones rurales en donde como aldeas, no sólo sus habitantes interactúan vívidamente, se relatan las historias de boca, la comunicación es abierta y franca, los sentimientos emergen espontáneamente sin intereses de por medio, y la competitividad es sumamente sana y la preocupación por el otro implica la preocupación por el bien común.
Este tipo de experiencias rurales o aldeanas, para algunos puede ser motivo de burla y atraso, en donde la tecnología juega un roll mínimo o nulo y en donde la moda y el materialismo no es la conversación diarias y la necesidad del WiFi, se hace irrisorio para sus habitantes.
Mi tema no es la crítica a la tecnología pues la utilizo para llegar a ti y deseo comunicarme mundialmente por esta herramienta. Mi tema es lo que el hombre ha permitido que suceda con la incorporación de la tecnología y la manipulación desde el Sistema, en hacer creer en el hombre unas necesidades que no tenía y que han reemplazado y las más humanas y básicas en la vida, física, espiritual y el comportamiento social.
Aquellas aldeas nos dan un modelo de lo que implica la responsabilidad necesaria de cooperación y en donde el protagonismo, el individualismo y el aislamiento son contrarios al progreso de esa pequeña pero próspera comunidad. En ellas no se conocen numerosas faltas a la ley local como sucede en las grandes urbes, debido posiblemente al pudor que ocasiona que la gente conocida sepa de un hurto o alguna infracción de la ley. En cambios las grandes ciudades y su Sistema fomenta el anonimato y promueven la irresponsabilidad.
Las redes sociales, cuando son mal utilizadas suman a esta situación social. Hace creer que dando un LIKE es suficiente para Salvar a Willy, o para demostrar compasión por niños en hambruna. Igualmente repudiar desde el móvil una escena desastrosa tampoco logrará que el pillaje o el terrorismo acabe finalmente. Es como la persona necesitada que le cuenta al otro y aquel sólo dice “oraré por ti”, y no hace ni un solo movimiento para sacar unas monedas de su bolsillo. No hay diferencia.
Los cambios de consciencia, uno de los enfoques de creSER, están mas bien dirigidos a la acción verdadera, a la empatía, a la observación del otro y sus necesidades o carencias, a un sentimiento de cooperación y no de pura crítica, y a la preocupación real y verdadera de que existan cambios humanos en la sociedad a la que pertenecemos. Esto es Responsabilidad Social. Se desarrolla desde un cambio de consciencia y alcanzar una Habilidad Social que la pueda ejecutar.
La iniciativa propia es el recurso más valioso para lograr este cometido no utópico. Si este movimiento individual al que podríamos motivar o involucrar a otros, en áreas de educación, reciclaje, liderazgos, empowerment, trabajo en equipo, fuera una de las promesas de este nuevo año para cambios, fijando nuevas metas que establezcan pautas entre los que están principalmente a nuestro alrededor, en lugar de enviar donativos a países que desconocemos y que ni entendemos su cultura ni idioma, pasando por alto a los personajes que tratan de sobrevivir en nuestra propia cuadra del vecindario, seguramente comenzará a nacer en quien haga así, un sentimiento de cooperación social que podrá ser más efectiva que los mismos planes de gobierno local.
No se puede amar al prójimo por intermedio de otros, y estas acciones requieren de una presencia efectiva y alegre, que provenga desde el alma, lo divino y la Luz. No podemos pretender moldear a una sociedad si la suma de sus miembros renovados no se alcanza primero. No podemos oponernos a una publicidad que nos motiva al materialismo si creemos aún que somos por tener y no por SER.
Tampoco abogo por una sociedad paternalista que hace todo por los demás, sino una sociedad que involucra a otros en proyectos en donde cada quien aporte desde sus dones con amor y sin protagonismo. El médico, en artista, el conferencista o el terapeuta, puede ser instrumentos para estos cambios si saben aportar con lo que tienen a la sociedad, que requiere atención, amor, cuido y sobre todo una elevada cuota de autoestima y valoración. Así que no abogo por la dependencia sino por el empoderamiento del individuo para que sepa de qué es capaz y sepa cómo lograr el avance y el crecimiento de el y los suyos, valorado y alegre por su propia colaboración.
En este mundo occidental en donde los pensamientos son más lógicos y filosóficos y en donde se requiere mas bien de pensamientos abstractos y creativos, divinos y espirituales, pasa desapercibido que reglas universales como los Diez Mandamientos o las Sietes Leyes Universales, refieren el manifiesto en la segunda persona del singular, como “honrarás a padre y madre” o “no robarás”, de lo que se entiende que el cambio empieza por ti y no esperar que otro de el primer paso. Así que entiendo que aunque estas reglas que para algunos son religiosas y para otros una forma de vida, lo que procuran es alcanzar una comunidad responsablemente social, el cambio comienza por la ejecución de verdaderas modificaciones desde la Responsabilidad Individual en primera persona antes que nada, un cambio de consciencia propio. Me sigues?
Te espero,
Luis Edgardo




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