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Saber sufrir

Actualizado: 31 jul 2020

De manera instintiva nuestro cerebro reptil, el más antiguo y que basa su existencia en nuestra defensa, protección y supervivencia, nos hace tomar decisiones para no sufrir. El ser humano no desea sufrir. Lo evitamos. Tomamos decisiones en base a que lo elegido sea lo menos doloroso posible. Pero sabes qué? En verdad NO SABEMOS SUFRIR.


Paradójicamente en estos tiempos en donde hay una aparente apertura a la búsqueda del ser, más y más gurús, libros, y expositores procuran darle a la gente enseñanzas sobre cómo llevar la vida, ser feliz, andar alegre, ser emprendedor, y esa intención no está mal, pero el punto es que olvidan ayudarles a cambiar su forma de pensar y los nuevos enfoques que deberían tener internamente, o cambios de consciencia para que aquellas intenciones o deseos se cumplan. No todo se logra por medio de palabras lindas, música suave, y una relajación de una hora, sin que hayan cambios reales de pensamiento, creando nuevas conexiones neuronales, eliminando aquellos pensamientos que realmente nos impiden la felicidad, la prosperidad, el disfrute, el placer de vivir, la belleza, el perdón, o la aceptación.


No se llega a dejar de sufrir por repetir, “soy feliz”, varias veces al día, y menos con forzar una sonrisa o hacer creer a otros que todo está bien sin estarlo, o una compra impulsiva. No somos sinceros con otros, pero menos con nosotros mismos.

El sufrimiento es uno de los sentimientos menos comprendidos y esto es así porque no queremos saber de eso, y porque tampoco sabemos las razones por las cuales sufrimos. Es decir, no queremos sufrir pero no sabemos qué es el sufrimiento. No queremos sufrir pues creemos que eso es opuesto a la felicidad, y por sorprendente que sea tampoco se sabe qué es la felicidad, pues la mayoría de las personas aún la están buscando fuera de ellas, ya sea en las cosas, posesiones y en las personas. Entonces? Qué sabemos del tema? Nada. Ni de la felicidad ni del sufrimiento.


Entonces, si no sabemos la razón del sufrimiento no aprendemos a sufrir, y si no sabemos sufrir jamás sabremos qué hacer con ello. Cuando lo hagamos de manera consciente, dejaríamos de huir de ese sentimiento, y entonces aceptaríamos con amor lo que ofrece la vida y aprenderíamos de la vida y empezaríamos a reescribir nuestra historia día a día. Somos parte del universo y el universo cambia y evoluciona de manera natural. Lamentablemente deseamos forzar las situaciones y las deseamos acomodar a nosotros y esa resistencia o no aceptación sólo causa dolor y sufrimiento, entre lo que es la realidad absoluta y lo que debería ser en nuestro deseo y realidad relativa, entonces sufrimos.

Se sufre no sólo porque alguien “aparentemente” nos haga daño (cosa que no existe al menos que nos agreda físicamente). Sufrimos por celos, por tristeza, por ira, por asco, o por cualquier otro sentimiento que nosotros canalicemos hacia el sufrimiento, pues la mayoría de las cosas no nos hacen sufrir. Casi podría decir que el sufrimiento no existe, lo creamos nosotros.

Nada ni nadie tiene el poder de hacernos sufrir, somos nosotros quienes creemos que eso nos hace daño o nos molesta. La manera como canalizamos la emoción nos llevará a sufrir o aceptar con madurez e inteligencia emocional la situación y si no lo hacemos le damos autoridad a eso externo sobre nuestras emociones y evidentemente viene la otra parte del cuento, a partir de esa conjetura: culpamos a todo y todos de nuestro sufrimiento venga vestido de dolor, celos, rabia, tristeza, etc.


Cuando culpamos al otro de lo que elegimos, de nuestras decisiones, de lo que sentimos, actuamos irresponsablemente sobre nosotros mismos. Culpamos a otros por no hacernos responsable de no saber qué sentimos ni por qué lo sentimos. Culpamos a otros por miedo a descubrir la verdadera causa de nuestro dolor o rabia. Al no sanar heridas, al no enfrentar nuestras creencias y mapas mentales, (y no conocernos realmente) buscamos fuera la causa de nuestro mal y hasta le hacemos creer al otro de una culpa que jamás existió ni existirá. Manipulamos tanto al otro que le hacemos creer que nuestro sufrimiento proviene de lo que dijo o hizo o no dijo o no hizo, y si la otra persona no tiene consciencia de esto (la mayoría) cae en el círculo vicioso de la culpa y desde ahí, sin saberlo alimenta el ego del otro y su falsa realidad y su falta de responsabilidad al no adentrarse y descubrir cómo no sufrir, pues todo lo que pasa solamente pasa dentro de el o ella, jamás por fuera.


Entonces dónde está el truco de saber controlar el sufrimiento? En la siguiente fórmula: un pensamiento X genera un sentimiento X y a su vez esto dará una acción determinada.

Cuando el pensamiento es cambiado genera nuevas conexiones neuronales y estas harán que nuestras glándulas segreguen sustancias diferentes y por lo tanto una emoción distinta y el resultado será una acción opuesta al primer caso. Esa capacidad está en cada quién y la está desperdiciando irresponsable y cobardemente al no ver en su interior y descubrir al pequeño o gran monstruo o enemigo que alimentan dentro de si. Pero sin lugar a dudas no somos así, no nacimos así.

Nos han hecho, nos lo han pedido desde niños, los padres, la familia, los miedos, la sociedad y nadie nos ha enseñado a ser felices y reconocer el sufrimiento de la mejor manera.


Ya es hora !! Y eso te corresponde a ti, a nadie más. Eres responsable de tu aparente desdicha, y de tu verdadera felicidad. Nadie más lo es. Tu mente evade el sufrimiento y te ha engañado todo este tiempo de que el problema está en la vida, la sociedad, los padres, la pareja, el gobierno… hasta que no te adentres valientemente en tu propio ser por ti mismo o con ayuda profesional no podrás llegar a descubrir todo ese potencial que posees y la maravillosa oportunidad que tienes de ser feliz sin mentiras, sin falsas alegrías que usas para ocultar el malestar, sin necesidad de charlas o lecturas de efecto pasajero, sin vanidades y sin máscaras, sino de una manera digna, hermosa y verdadera… auténtica!


Luis Edgardo Valderrama C.


Coach Ontológico

Instituto de Coaching Internacional. Colombia.

Certificado en Neurogastronomía Aplicada

Instituto de Neurociencia de las Américas. Venezuela.

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