top of page

Salir del país y las redes neuronales

Actualizado: 31 jul 2020

Hasta ahora pude escribirles, pero el deber me llamaba… Celebraba a distancia el cumpleaños de mi madre, allá en Venezuela. Le mandé una torta y flores de regalo de sorpresa con una amistad.


Pero ya estoy con ustedes…

Aunque la tristeza ha llegado a mi rostro y mi corazón muchas veces por esa distancia inexorable que separa el cuerpo físico, las almas puedes estar tan cerca como fusionadas en una sola nubecita.

Y es que es muy fuerte el sentimiento, sea cual sea, cuando no aprendemos a aceptar. Una de las cosas que más nos sucede al ser humano es que nos negamos a que algo nos este pasando. Una situación económica, un desengaño, una ruptura, un tema laboral, accidentes, (Dios nos libre de todo mal), pues no entendemos las misteriosas razones por las cuales hemos tenido que vivir ese evento en particular.

Nos revolcamos, pataleamos, gritamos y hasta somos capaces de pelear con Dios por la situación pues: “yo no me lo merezco”. Es evidente que nos creemos muy buena gente y al parecer merecemos lo mejor. Claro, que dentro de todos nuestros defectos seguro que hay puntos buenos en nosotros como para decir que somos buenos en algún grado de la escala. Y es seguro que merecemos lo mejor en todo momento. De eso no tengas dudas. Aquí no venimos a sufrir. Sino a ser felices y superarnos, crecer y dar lo mejor para hacer que este mundo sea más potable por cada granito de arena o cada terrón de azúcar que agreguemos a las situaciones familiares, sociales, nacionales o mundiales. Y es que todo lo que pasa a nuestro alrededor es nuestra responsabilidad.

Pero, cuando vemos las situaciones con madurez y utilizando las herramientas correctas, podremos aceptar las cosas y ver todo más claro.

Por ejemplo: pudimos estar en una zona de confort, y por ello estábamos cómodos y no vimos la necesidad de hacer mucho o superarnos. Algo nos movió el piso y de un momento a otro tuvimos que salir a la calle a trabajar. Era necesario pasar por eso para darnos cuenta que estábamos dormidos y no hacíamos algo productivo? Muchas personas aparecen en nuestras vidas para dejarnos una lección, otras para enseñarnos directamente, otras para bendecirnos, otras sólo para darnos a luz e irse, pues su misión era que nacieramos nosotros o nuestros hijos y ese era el plan divino o el plan de esa alma. La aceptación de las cosas, aún sin entenderlas hará que vivamos más relajados y felices. No puedo negar que la distancia de mi país ha sido dura y triste y más sabiendo que allá existe una situación social y económica que “Venezuela no merece”. Pero hay planes más allá del entendimiento humano, y en lo Divino es muy poco lo que podemos comprender al menos que nos adentremos en las leyes de la vida, desde el principio de la Creacion. Aceptar que mi madre está lejos y mi hijo, no ha sido fácil, pero hay que aceptarlo. Haberme encontrado fuera de mis códigos de lenguaje, costumbres y forma de pensar también me ha llevado a crecer de una forma que no lo hubiera alcanzado en mi zona de confort osea en mi país y con mi gente. No había conflictos internos, ni había que aprender una forma diferente de pensar pues nos entendíamos al hablar, estábamos cómodos. La Torre de Babel da una clara idea de lo que hablo y expreso. Lenguas diferentes y una sola idea, pero sin poder comunicarse, y eso trajo la creación de Naciones y espacio limitados para entenderse sólo de esa frontera hacia adentro. La gente se volvió creativa y crear naciones, leyes y nuevas formas de vida. En la psicología y la neurociencia he aprendido que mudarnos de lugar a tierra extranjera, el divorcio, el duelo, la pérdida de empleo, el aprender un nuevo idioma, cambios de cultura, son situaciones que crean nuevas redes neuronales y con ellas el cerebro se vuelve más dinámico pues estuvo dormido y poco creativo, con poco uso, pues no requería pensar más alla de lo necesario. Las nuevas redes neuronales entonces son productos del cambio y el cerebro aumenta su capacidad de razonamiento. Es entonces cuando nos adentramos en nuestro ser, crecemos, analizamos, maduramos, hacemos más por otros, mejoramos como seres humanos.


Aceptar es una forma de agradecer la nueva oportunidad que nos da la vida de crecer y ser mejores. Así que, hasta lo que parece malo, con seguridad agradece pues definitivamente esa es una extraña manera en que Dios y el Universo te relagan formas de ser un mejor ser humano. Aceptar evita dolores mayores y es también una forma de enseñarte, que todo obra para bien y para tu felicidad. Si lo aceptas me entenderás.


Luis Edgardo Valderrama C.


Coach Ontológico

Instituto de Coaching Internacional. Colombia.

Certificado en Neurogastronomía Aplicada

Instituto de Neurociencia de las Américas. Venezuela.

 
 
 

Comentarios


bottom of page