Si habláramos como si pudiéramos sanar…
- Luis Edgardo Valderrama

- 29 ene 2021
- 5 min de lectura
Actualizado: 13 feb 2022
Como hablar se denomina al acto de emitir o articular palabras. La palabra, como tal, proviene del latín fabulāri.
Hablar nos permite comunicarnos con otras personas por medio de palabras, es la forma natural de expresar nuestras ideas, manifestar nuestros sentimientos o intercambiar puntos de vista con otras personas.
Uno de los conceptos que encontramos en la RAE es: “Manifestar, en lo que se dice, cortesía o benevolencia, o al contrario, o bien emitir opiniones favorables o adversas acerca de personas o cosas.”
Hasta ahora muchos hemos creído que hablamos, por sólo emitir palabras y diciendo lo que pensamos simple y llanamente.
Tomemos por ejemplo a una persona con el arquetipo Destructor de Jung, quien podría justificar sus palabras desde estas características psicológicas, decir todo lo que siente o piense sin medir las consecuencias de sus palabras. Pero no todos estarían preparados para esta acometida verbal, que puede “noquear” pensamientos, argumentos, ilusiones o vidas, en un instante.
Desde una visión creacionista, por el verbo (la palabra), El Eterno hizo el Universo y a las huestes que la habitan. Desde esa visión, fue el Amor Verdadero y Puro, sumado a la capacidad Divina de Dar, lo que hizo que esas palabras se manifestaran en una “creatio ex nihilo” (creación desde la nada, no transformación material).
Pero así como el verbo tuvo y tiene la capacidad de crear, es capaz también de destruir, dar vida o matar.
Aunque muchos tienen una gran confusión en sus propias creencias en cuanto al Eterno y sus “capacidades”, no dejan de poner en manos del hombre nuestras vidas antes que en las Suyas. Ahora bien, El Eterno permitió también que el hombre elevara su consciencia y diera espacio al "primer pecado” o desobediencia sostenido por algunos que se dicen ser “entendidos en la materia”.
Desde un punto de vista más aterrizado, social, psicológico, aquella llamada “desobediencia” no fue más que el primer vestigio de libertad que conocemos. Es la primera vez en la historia escrita del hombre, desde el creacionismo, en donde el hombre es capaz de decir NO, no sólo al Eterno, sino a sus propios conceptos y convicciones.
A partir de ahí, El Eterno permite que el hombre escriba su propia historia, y El, le acompaña desde entonces. Le guía, le muestra ejemplos como los del faraón de duro corazón, o profetas que muestran (sugieren) los mejores caminos a seguir.
Partiendo de que la Biblia es un compendio de parámetros atemporales, que podría ser interpretados de múltiples maneras y que podrían ser aplicadas en cualquier época, debido a que, entre otras, es una suerte de manual de cómo funciona la psiquis humana y nos muestra los fundamentos psicológicos y sociales del hombre, éste ha tenido, a lo largo de la historia, la libertad de elección, lo que lo hace vulnerable a sus propio destino, creado a cada instante según la decisión que tome o no.
La voluntad del hombre, y ésta llevada a palabras podrán crear o destruir. El hombre es pues dueño de gran parte de su destino, e incluso, capaz de que otros asuman sus palabras como válidas y hacerlas suyas también, validando entonces esas palabras en sus vidas. Dicho de otra manera, puedo permitir que lo que tu me dices me afecte para bien o para mal.
Somos seres, aparentemente en creciente evolución. Pero no es lo que ha pasado en realidad. En la medida que nos movemos en nuestra linea del tiempo nos alejamos más y más de La Fuente, y por lo tanto de la Sustancia que compartimos originalmente con El Eterno. Lo hemos desplazado a El por nuestras creencias y nuestras convicciones y hemos creado nuestros propios dioses internos y adoptado ajenos, prescindiendo de La Fuente y de lo que El provee, (creemos que no lo necesitamos) haciendo nuestros propios juicios, designios, profecías de nuestras vidas y las ajenas por medio de nuestras palabras. Ahora creemos en nosotros por sobre todas las cosas, el dinero, la posición social, las posesiones, el intelecto, el diploma, la religión, o una vacuna.
Yo creo que si pudiéramos acercarnos más a nuestra Fuente, a la Luz, nuestras palabras fueran más creadoras, sanadoras, transformadoras para el bien y la felicidad. Herimos y matamos. Torturamos o rompemos almas. Afectamos a otros por puro egoísmo. Hacemos creer que estamos bien y felices sin importar como dejamos al otro en el piso luego de decir nuestras palabras hirientes. No nos importa el otro. Sólo nos importa lo que decimos y creemos que somos por lo que decimos. Si así fuera, lo que muchos dicen, rompiendo corazones, sueños e ilusiones, realmente hablan terriblemente de ellos, y eso lo tendremos que afrontar tarde o temprano en esta vida o la otra.
No hace falta apuñalar o disparar a alguien en el corazón, con hablar mal o con odio, por medio de un chisme, o una suposición, o egoistamente puede ser suficiente.
Este mundo, lo hemos creado nosotros a lo largo de la historia humana. Somos los principales creadores. Quizás “nos dejaron hacerlo” para que aprendamos a abrir los ojos.
Erich Fromm, en su obra, La Condición Humana Actual, escribe: “La paz entre hombre y naturaleza es armonía entre hombre y naturaleza. Así hombre y naturaleza dejan de estar escindidos: el hombre no está amenazado por la naturaleza ni determinado a dominarla. El hombre se hace natural, y la naturaleza se hace humana. Dejan de ser oponentes y se convierten en uno solo. El hombre está a su gusto en el mundo natural, y la naturaleza entra a formar parte del mundo humano.”
Cuando el hombre, deje de pensar en el como un ser independiente y dominante, o un semidios, y se vea a si mismo como parte del todo, podría entonces entender la manera cómo sus palabras (y hasta sus pensamientos) pueden afectar a el todo, y cómo eso a su vez le afecta a el devuelta.
También dice Fromm: “Además, en el concepto mesiánico, el hombre no sólo dejará de destruir al hombre. Habrá superado la experiencia de separación entre una nación y otra. Una vez que haya alcanzado la plena estatura humana, el extraño ya no será un extraño, y el hombre dejará de ser un extraño para sí mismo.”
Luego de aquella primera desobediencia, de la que escribí más arriba, entonces “se abrieron sus ojos”, esto debe ser interpretado como que el hombre necesita aprender de si mismo, el hombre debe saber cómo juzgar el bien y el mal, debe tomar conciencia de sí mismo y de su semejante, y es una pena que la humanidad haya caminado más por la senda del mal que por la del bien común. Pues el concepto de bien o mal es subjetivo, pero buscar el bien de otros, sin esperar beneficios propios es un acto hermoso de bondad, madurez humana, amor y altruismo.
Me encantaría pensar que muchas voces se sumen a este reto, haciendo que nuestras palabras sean capaces de sanar al prójimo como si se tratara de nuestra propia sanación, en lugar de que fueran para interés egoísta y destrucción, que por cierto, al final igual retornará a nosotros.
La elección es nuestra, como siempre.
Luis Edgardo Valderrama C.
Coach Ontológico y Neurogastrónomo
INSTAGRAM:
Coaching Ontólógico CRESER
Coaching Gastronómico y Asesoría en NEUROGASTRONOMIA
PODCAST SPOTIFY:
Coaching y temas holísticos en CRESER.
Cooking & Coaching NEUROGASTRONOMIA




Comentarios