top of page

Yo tengo el poder!

Actualizado: 31 jul 2020

Sin lugar a dudas, todos hemos pasado por situaciones de impotencia y en donde hemos deseado controlar esto o aquello.

Si me has leído antes te habrás dado cuenta que he tocado el tema de nuestra limitación en algún momento, para recordarnos que como seres humanos hay cosas o situaciones en las que tenemos que reconocer que -no podemos con eso -, o -se te escapó de las manos-. Ojalá estas expresiones las dijéramos con aceptación y humildad, pero no, las decimos con mucha rabia, con ira, con celos, con frustración… Pero no desde la actitud sabia y relajada. (que sería lo ideal), sino desde la incomprensión del “por qué a mi?”


Y es que, nuestra naturaleza material limitada, a pesar de nuestra espiritualidad, pero encerrada en esta naturaleza física, en este mundo físico, tenemos que reconocer que el universo no conspira contra nosotros, sino al contrario, dispone de todo el y del Poder Supremo, para llevarnos a nosotros a nuevos niveles, a nuevos retos, y a reconocer nuestras limitaciones, sin dejar de ver y aceptar también nuestras fuerzas, poderes,  y capacidades, las cuales son muy grandes, porque somos también parte de ese Universo.

Te has dado cuenta que a pesar de que hagas todo bien o esté bien planeado hay algo que no salió bien? O que con todo lo que ha hecho para estar bien de salud esa persona a adquirido una enfermedad?

Que paso?

Los elementos que intervienen e inciden sobre nosotros son muchos. Pero mientras los descubrimos es necesario aclarar, tener en cuenta que la impotencia ES UNA CONDICIÓN HUMANA. Está claro que no me he referido a la impotencia sexual como si fuera la única impotencia, aunque también está tratada en nuestro tema de hoy, sino a la incapacidad en general que tenemos los seres humanos de controlar ciertos eventos estén o no en nuestras manos, asi que la sexualidad también está presente en cuanto a eventos que no se pueden controlar fácilmente. Desde esta impotencia general de la que hablamos, el ser humano va construyendo lo que llamaremos Yo Vivido. Este Yo Vivido es ese Yo que se va construyendo a base de lo aprendido, de los miedos, los padres, los maestros, las experiencias, las decisiones que tomamos en base a esas experiencias, las creencias… Todo ello nos va moldeando y “haciendo”. Pero mientras tanto el Yo Esencial se va desvaneciendo, se va cubriendo de capas y más capas que lo ocultan. Este Yo Esencial es nuestra Alma, nuestra Esencia, nuestra verdad. Es lo que somos.

Todos aquellos fracasos y sufrimientos están arraigados en nuestras impotencias, es decir, basados en cómo asumimos aquello que no pudimos controlar o manejar.

A esto le sumamos la energía gastada al no entender esa incapacidad y luchar o rebelarse por aceptar lo sucedido, o mejor dicho, por no aceptarlo.

El orgullo humano, una de las caras del ego (para que me entiendas), se niega a aceptar su fracaso. No acepta que eso o aquello le haya pasado a el. No se lo merece, no es justo. Es la víctima del universo que conspira contra el. Y tu te lo crees.

Pero cuando aceptamos nuestra humanidad, nuestra naturaleza limitada, nuestras imperfecciones, y errores, cuando nos perdonamos, aceptamos también las enseñanzas que el Universo, lo Divino, pone a nuestra disposición.

Esto nos lleva a un estado de salud. Salud? Si, salud.

Muchas de las enfermedades provienen de esa impotencia, de esa lucha, de esas energías mal gastadas. Nos debilitamos. Nos vamos muriendo por dentro y por fuera. Por dentro al no dejar salir nuestra Esencia, al no poder SER, al ir cubriendo más y más nuestra Alma. Por fuera, por alimentarnos mal al saber que no es correcto ni saludable, por atentar contra la salud con licor o drogas o excesos de todo tipo, al no preocuparnos por nuestra vida, sino por aquello que no pudimos conseguir, comprar, robar, violar, dominar, controlar, usurpar. Y la energía necesaria para vivir la gastamos en lo que pudo ser y no fue.


Toda esta actitud nos ha llevado a la falta de armonía, y eso nos vuelve enfermos, esclavizados al EGO, padeciendo sin fin, en sufrimiento, a veces enmascarado como deleite… impotentes aunque algunos presumiendo de poderes que realmente se les escapan de entre sus débiles dedos y padecientes mentes y almas. Las más de las personas en las más de las veces no somos más que títeres patéticos a merced de nuestra impotencia primordial que repercute en las micro instancias sucesivas de impotencias cotidianas.

Al no creer ni confiar en nuestra esencia y confiar en el ego, nos lleva a dependencias tóxicas de personas, familias, religiones, clubes, etc.


Quieres saber cuál es una de las razones por la cual eres violento o iracundo? Por tus impotencias. Por no reconocer tus limitaciones y aceptarlas. Por no reconocer que otros son diferentes y que piensan diferentes y actúan diferente a nosotros y eso…nos molesta mucho. Discutimos para tener la razón muchas veces, no para aclarar o enseñar. Queremos imponernos. Ejercer autoridad. Se acabó un tema, se aclaró pero tenemos que dar la estacada final. Decir la última palabra. Hacernos notar. Sobresalir. Y muy posiblemente dejando humillado al otro, como un perdedor, derrotado, vencido. Entonces el ego sentirá la supremacía. No pudiste controlar el evento, pero hiciste sentir pequeño o insignificante al otro, y eso, para el impotente, es un gran logro. Te conformas con eso.


Piensa en ello. Reflexiona. Obsérvate. Detente antes de hacerte sentir. Evalúa a ver si es necesario desde tu ser esencial hacer o decir lo que deseas en se momento. O estás reaccionando desde el ego, desde la arrogancia o la impotencia.

Feliz noche y recuerda, que mientras dejes salir a tu Yo Esencial, tu Alma, podrás construir paz.


Luis Edgardo Valderrama C.


Coach Ontológico

Instituto de Coaching Internacional. Colombia.

Certificado en Neurogastronomía Aplicada

Instituto de Neurociencia de las Américas. Venezuela.

Comentarios


bottom of page