Escúchalo también en Spotify Desde niño, la Navidad tenía un sabor distinto. Era familia. Tradición. Unión. Ir al templo no era un trámite, era un encuentro. Los regalos no eran el centro, eran el detalle. Había lecturas, películas, conversaciones sobre Jesús y el sentido profundo de su nacimiento. La Navidad se vivía… no se exhibía. Con el tiempo, algo se fue torciendo. La reflexión dio paso a la prisa. La unión fue desplazada por la agenda social. La sobriedad por el exceso