Navidad: cuando lo sagrado se volvió tendencia
- Luis Edgardo Valderrama

- 24 dic 2025
- 2 min de lectura
Actualizado: 14 abr
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Desde niño, la Navidad tenía un sabor distinto. Era familia. Tradición. Unión.
Ir al templo no era un trámite, era un encuentro.
Los regalos no eran el centro, eran el detalle.
Había lecturas, películas, conversaciones sobre Jesús y el sentido profundo de su nacimiento.
La Navidad se vivía… no se exhibía.
Con el tiempo, algo se fue torciendo.
La reflexión dio paso a la prisa.
La unión fue desplazada por la agenda social.
La sobriedad por el exceso.
Y el recogimiento por el ruido.
Hoy, para muchos, la Navidad se ha convertido en una temporada de gastos desmedidos, embriaguez normalizada, accidentes de tránsito evitables y una carrera silenciosa —pero feroz— por aparentar. Las redes sociales hacen lo suyo: vitrinas de lujo, moda, cuerpos perfectos, mesas exuberantes y sonrisas cuidadosamente editadas.
Y sin darnos cuenta, metimos a los niños en esa competencia absurda.
Quién estrena más.
Quién se ve mejor.
Quién recibe más.
Les enseñamos a comparar antes que a agradecer.
A mostrarse antes que a encontrarse.
A consumir antes que a contemplar.
¿Qué pasó con la belleza del inicio?
No se perdió de golpe. Se diluyó.
La Navidad dejó de ser experiencia interior y pasó a ser espectáculo exterior.
Dejó de ser pausa y se volvió exigencia.
Dejó de ser sagrada y se volvió rentable.
Cuando el sentido se vacía, el ego lo llena.
Y cuando el ego dirige la celebración, el alma queda fuera de la mesa.
Volver al origen no es retroceder, es despertar
Rescatar la belleza del principio no significa rechazar los regalos ni romantizar la escasez. Significa reordenar prioridades.
Navidad vuelve a ser Navidad cuando:
El tiempo compartido vale más que lo comprado.
La conversación profunda pesa más que la foto perfecta.
La mesa es sencilla, pero el corazón está presente.
Los niños aprenden que celebrar no es competir, sino agradecer.
Volver al origen es recordar que el nacimiento que celebramos habla de humildad, de cercanía, de humanidad. No de lujo. No de exceso. No de apariencias.
La Navidad no necesita más luces afuera. Necesita más silencio adentro.
Tal vez este año no haga falta comprar más cosas, sino recuperar gestos:
mirarnos a los ojos, bendecir la mesa, apagar el celular un rato, escuchar una historia, orar juntos, abrazar sin prisa.
Ahí, y solo ahí, la Navidad vuelve a nacer.
Luis Edgardo Valderrama C.
Consultor
-Master Coach (Authorized by the International Association of Coaching (ICI) and Life University of Israel to train and certify individuals as Professional Coaches)
-Coach Sistémico - Certified Systemic Family Constellations Practitioner (trained in the Bert Hellinger approach)
-Miembro permanente de la Asociación Internacional de Coaches del I.C.I.
Certificaciones Internacionales como:
-Coach Ontológico Profesional
-Coach en Habilidades Blandas
-Coach en Psicología Junguiana
-Coach Cristiano
-Neurogastrónomo
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