Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer: romper el silencio, recuperar la dignidad
- Luis Edgardo Valderrama

- 25 nov 2025
- 3 min de lectura

Hablar de violencia contra la mujer no es una moda, es una urgencia.
No se trata solo de golpes o agresiones visibles; la violencia toma formas más sutiles, más silenciosas y, a veces, más devastadoras. En el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, vale la pena mirar más allá de lo evidente y reconocer lo que muchas viven en silencio:
tensiones, microagresiones, comentarios disfrazados de “chistes”, manipulaciones emocionales y dinámicas de poder que erosionan la dignidad día tras día.
Las múltiples caras de la violencia
La violencia no empieza con un golpe. Empieza con un límite que se cruza, con una línea que se borra. Entre las formas más comunes se encuentran:
Violencia emocional: humillaciones, sarcasmos, desprecios, gritos, control, culpabilización, gaslighting.
Violencia psicológica: amenazas veladas, intimidación, chantajes afectivos, manipulación.
Violencia verbal: palabras que hieren, “bromas” que denigran, apodos ofensivos, comentarios sobre el cuerpo.
Violencia económica: limitar recursos, supervisar excesivamente gastos, chantajear con dinero.
Violencia física: desde empujones “sin importancia” hasta agresiones abiertas.
Violencia sexual: presión, insinuaciones no deseadas, invasión de espacios personales, acoso.
Violencia laboral y social: exclusión, rumores, chistes de mal gusto, evaluaciones sesgadas, acoso de superiores o compañeros.
Cada una de estas formas deja marcas diferentes, pero todas hieren el alma, la autoestima y la identidad.
El silencio y el cuerpo: la factura emocional
Cuando una mujer calla lo que siente y soporta lo que no merece, el cuerpo habla por ella. El estrés acumulado, la tensión constante y la humillación internalizada producen efectos reales:
Somatización: dolores de cabeza, gastritis, insomnio, falta de energía.
Estrés crónico: ansiedad, irritabilidad, sensación de amenaza permanente.
Bloqueo emocional: dificultad para tomar decisiones, miedo a poner límites.
Desgaste físico y mental: agotamiento, tristeza persistente, pérdida de motivación.
El silencio no es neutral. El silencio enferma.
La dignidad: un valor que no se negocia
La dignidad femenina no depende del reconocimiento externo; nace del valor interno que cada mujer tiene como ser humano. Pero para protegerla, hay que hacerse responsable de ella. Esto implica:
No justificar lo injustificable.
No “normalizar” lo incómodo.
No minimizar lo que duele.
No callar lo que atropella.
La dignidad se sostiene con límites claros y con decisiones que honran la propia vida.
El acoso laboral y social: la violencia disfrazada
El entorno laboral y social puede ser un campo minado para muchas mujeres. El acoso no siempre comienza con una propuesta indebida; empieza mucho antes:
Miradas incómodas.
Comentarios “amigables” sobre el cuerpo.
Mensajes fuera de horario.
Bromas de doble sentido.
Invitaciones insistentes.
Piropos no pedidos.
Es violencia porque invade, incomoda y rompe el respeto.
Cuando la propia tolerancia se convierte en complicidad
Este punto es incómodo, pero necesario de compartir. En ocasiones, sin querer, la mujer participa del ciclo de violencia cuando tolera lo que debería confrontar:
Cuando sonríe o se ríe de un comentario que no le gustó.
Cuando deja pasar un gesto fuera de lugar “para no verse exagerada”.
Cuando responde con amabilidad un saludo cargado de intención.
Cuando acepta “que así es él”.
Cuando calla para no “meterse en problemas”.
Esa tolerancia abre la puerta para que la persona continúe. No porque la mujer sea responsable de la violencia, sino porque la falta de límites alimenta el comportamiento del agresor.
Poner límites no es rudeza. Es autocuidado. Y es un mensaje claro: “Conmigo, no”.
Hacia una cultura de respeto
La no violencia no se construye solo con leyes o protocolos. Se construye con:
Educación emocional.
Conversaciones transparentes.
Límites firmes.
Comunidad solidaria.
Espacios seguros en el trabajo y la sociedad.
Denuncia cuando sea necesario.
Acompañamiento psicológico y espiritual cuando la herida ya existe.
La mujer no está llamada a sobrevivir. Está llamada a vivir con dignidad, libertad y paz.
Luis Edgardo Valderrama C.
Consultor
Coach Ontológico Profesional, Master Coach,
Neurogastrónomo,
Coach en Psicología Junguiana, Coach en Habilidades Blandas,
Coach Sistémico, Coach Cristiano.
Miembro permanente de la Asociación Mundial de Coaches del ICI.




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