Hablemos sobre las discusiones 04
- Luis Edgardo Valderrama

- 21 ago 2016
- 4 min de lectura
Actualizado: 24 ene 2025

Aunque lo hemos tocado de diversas formas, no puedo dejar de hablarles sobre el E.G.O. Y es que es sumamente necesario para mi dejar claro en qué consiste el ego y desmitificarlo y desdiabolizarlo, pues esa será una de las maneras en que te hagas más y más responsable de tus acciones, y más aún, de tus pensamientos, es decir, que te hagas consciente de todo tu ser.
Debemos reiterar que el ego es parte de nuestro cerebro, de todo nuestro ser incluso. El ego es la suma de todo lo que hemos ido aprendiendo en nuestros sistemas desde que nacemos, viene con nosotros y somos quienes lo alimentamos. Es nuestro principal elemento de defensa y protección, desde el momento en que lloramos por leche materna o frío desde nuestra cuna. De forma instintiva, al observar el resultado del amor de mamá al atendernos, hemos aprendido que el llanto implica atención y amor, o que implica protección cuido y eso es lo aprendemos como una forma de supervivencia. Da resultado, lo aprendimos, lo comprobamos, y lo seguiremos haciendo… hasta la muerte.
Ahora bien, aunque falta mucho más por decir sobre el fulano ego, puedo comentarte que si el no es adiestrado, nos volveremos seres egoístas, manipuladores, autoritarios, entre otras características, es decir, dominados por el y no nosotros a él.
El ego es necesario para nuestra supervivencia, pero eso no justifica que todas nuestras conductas deban estar basadas en torno a sus mensajes, ni a las acciones que nos impulsa a realizar de forma instintiva o animal, como golpear, romper cosas, despedir a un empleado de manera agresiva, agredir de forma física o verbal, mentir, y un sin número de características que vienen con nosotros por siglos de evolución y que asumimos y creemos que es la manera de vivir, por aquella conclusión que hicimos con el segundo llanto luego de nacer y el resultado satisfactorio obtenido.
Ahora bien, en nuestro tema de hoy y cuarta entrega sobre las discusiones, el ego es uno de los miembros de este cuarteto, (las dos personas que discuten y sus respectivos egos) una pieza a cuatro manos que orquestamos muy bien y que forma parte de una lucha cuerpo a cuerpo contra la pareja en primer lugar, pero aplicable a cualquier discusión con otra persona en nuestra sociedad.
En verdad a ti no te importa si el otro es ateo, evangélico, judio, de izquierda o derechista, o de tal equipo de fútbol. Nada de eso te importa realmente, ni te va ni te viene para tu vida o tu felicidad. Sin embargo, tú ego se dispara cuando la otra persona piensa o hasta hablas manera diferente a ti sobre un tema y el ego, queriendo unificar criterios, asumiendo que tú punto de vista, el cual debes defender para sobrevivir a tus ideas, se dispara para que el otro use tus propios lentes y vea todo con la misma óptica.
Es normal que te molestes de vez en cuando, es normal hasta necesario en ciertas ocasiones. Es una emoción natural y básica de auto protección, regulación interna y comunicación social. El problema está, y viene a ser nuestro termómetro, cuando, por la ira, se nos nubla la mente, y perdemos la capacidad de razonar y dejamos de ver la realidad de forma más cercana, la dejamos de percibir y distorsionamos. Airarte es un derecho, pero no significa que debas tener la razón cada vez.
Entiende esto, el objetivo de una discusión no es tener la razón, sino TENER LA MADURA CAPACIDAD DE UNO O AMBOS DE LLEGAR A UN ACUERDO EN DONDE NADIE PIERDA O GANE, y en donde no impere la fuerza sino la empatía, el amor y el respeto mutuo.
Te compartiré algunas pautas para “morderte la lengua” de ser necesario, en momentos determinados de la “discusión”.
Si te mantienes tan activo, será casi imposible que pienses con claridad. La emoción y el sentimiento nos puede llevar a decisiones incorrectas la mayoría de las veces y por ende luego nos arrepentimos de haberla tomado. Saboteamos nuestro amor, la felicidad, hasta podemos llegar a sentir que no somos merecedores de amor, placer, felicidad o alegría, autocastigándonos.
Para evitar todo eso y más, debemos bajar el nivel de actividad del carácter e incluso físico. Así que lo primero es tratar de calmarte, de relajarte, de sentarte o meditar, escuchando una música suave, con pensamientos ligeros que vayan desplazando a los de la ira y entres en calma. Dar una caminata, salir a comerte un helado. Es sumamente necesario que cambies de canal.
Un segundo punto es preguntarte “para qué” vas a decir eso. Ayuda en algo? Qué logro? Aumenta mi egoísmo? Estoy prestando atención a los pensamientos y sentimientos de la otra persona?
Hacernos esas preguntas ayudan a ganar tiempo para relajarnos, pero sobre todo a dejar de reaccionar de forma instintiva.
Solemos atacar y buscar tener la razón, y cuando es así, nos importa nada lo que el otro piense o sienta, solo lograr nuestro objetivo egoísta, y no llegar a un acuerdo, un punto medio, una negociación.
Si haciendo estas o cualquier otra pregunta madura e inteligente y no encuentras respuestas válidas para la buena comunicación, es mejor por ahora guardar silencio. Y esperar estar más claro. Así como la reacción más inmediata es atacar para defenderte, también lo es tener la razón, no sólo para dar tu punto de vista y que el otro la acepte y la acate y la haga suya también, sino para darle la razón al ego que nos quiere aislar, sabotear nuestra paz, nuestra felicidad, y pretende unirnos en el barro de la tristeza y la pesadumbre. Saboteando tu propia alegría para ser fiel a los mapas de pensamientos ya adquiridos y que él tratará de defender siempre hasta que tú lo decidas y cambies de línea de pensamiento.
Es imperante que tomes un tiempo para preguntarte también, “por qué estoy molesto?”, y tratar de ver aquello que encendió la chispa. Así podrás ver tu debilidad y lo que debes fortalecer en ti. Para eso también son las discusiones. Tú lo puedes lograr!
Acompáñame en este descubrir.
Luis Edgardo Valderrama C.
Consultor y Mentor
Coach Ontológico
Master Coach
Neurogastrónomo




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