El origen del sexo verdadero
- Luis Edgardo Valderrama

- 28 jul 2016
- 3 min de lectura
Actualizado: 24 ene 2025

Aún hoy a muchos les cuesta entender que El Universo y la Creación toda están íntimamente ligados a la Sexualidad Universal y más aún a la de la raza humana.
Quizás un refrán muy popular pueda orientar mi reflexión de hoy: “de tal palo tal astilla”. Y es que en la medida en que entendamos que como seres multidimensionales (cinco dimensiones) poseemos una esencia espiritual, energética, abstracta y que comparte una fuente o sustancia con el Creador, no podremos comprender todo esto de la capacidad de sentir algo por otra persona sin importar la distancia, o que no hay límites en la mente para la sanación, o que alguien puede curar una relación con sus padres de situaciones que se dieron en el pasado, o que somos capaces de crear por medio del habla y el pensamiento, o que podemos conectarnos maravillosamente con la fuerza creadora y elevarnos hasta un Séptimo Cielo y disfrutar de una Sexualidad sana, hermosa, placentera y por qué no, salvaje y alegre.
La capacidad que tiene el ser humano de concertarse con un mundo superior por medio de una sexo abierto, natural, espontáneo y sobre todo CONSCIENTE, sin vestigios egoístas y procurando en primer lugar el placer de la pareja, su plena satisfacción, la alegría y la felicidad, la manera de aplacar el deseo más profundo de placer que el o ella siente, procurar un lenguaje por medio de besos, caricias, miradas, palabras no pronunciadas, en donde cada zona erógena no es más que un radar que conecta con una divinidad, de la que por cierto todos estamos hechos, no es más que dejar fluir de nosotros, aquello que alimenta y nutre el SER, el Alma Divina, es producto único y exclusivamente del deseo de dar y compartir en lugar de recibir para ti mismo, y que podemos traducir como, una forma de imitar a Dios.
Ciertamente, toda esa belleza no puede provenir de una fuente que no sea Dios mismo en cada quien. El alma es esa fuente intermedia y está llena de Luz. Procurar imitar a Dios en su bondad, su paz, su alegría, su creatividad, su paciencia, su deseo de compartir sin exigir nada, su felicidad por el bienestar del otro, es una forma de volcar lo divino en cada beso, caricia, coito y orgasmo, y luego, como el final de la Creación, el reposo, íntimo y hermoso en donde se contempla la belleza del acto, de lo creado, de lo amado, de lo vivido, no con orgullo ni vanagloria, sino con la satisfacción, como Dios al séptimo día, de ver la obra de nuestras manos, de nuestro amor, de nuestra consciencia creadora, satisfecho o satisfecha en este mundo a nuestro lado, sonriendo y viviendo un nuevo paraíso llamado Séptimo Cielo, que no es más que aquella conexión con Dios y la fuente de su Luz y su poder, el amor.
Que ambos en la pareja, posean ese mismo deseo no egoísta de dar de lo maravilloso que es y posee, de una entrega infinita sin exigencias, en la más hermosa y segura libertad de ser y dejar ser al otro para que fluya a plenitud, como una amplia tubería por donde bajan chorros inmensos de energía y luz pura, es el resultado del ser agradecido, de una comunicación perfecta, de la bondad del saber compartir, apoyar, estar en presencia con el o ella, en “ser como Dios”, en una entrega total.
De qué otra forma podría ser? Aburrido, doloroso, sin motivación, triste, preocupante, con sometimiento, egoísta? Eso no es de Dios y con seguridad no fue a ese tipo de sexo al que vinimos a vivir en este plano. La conexión con el Cielo la crea la actitud, la conciencia y aquellos actos nobles en donde velamos por el prójimo. Ser como Dios, no es pretender ser Dios, sino es imitar todo lo maravilloso, abstracto y sublime que es El, y crear un mundo nuevo en una habitación desde donde rayos de luz y energía creadora salen por las ventanas, puertas y balcones de ese lugar en donde sólo nos resta reposar satisfechos y plenos de felicidad, contemplando la obra magistral que reposa a nuestro lado, esperando un nuevo amanecer, todo por no haber dejado que el ego emerja sino el amor verdadero.
Acompáñame en este descubrir.
Luis Edgardo Valderrama C.
Consultor y Mentor
Coach Ontológico
Master Coach
Neurogastrónomo




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